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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 575

PELEAR POR TI. CAPÍTULO 33. Unos apodos cariñosos

Andrea Keller tenía una sonrisa radiante cuando abrió la puerta con una cálida sonrisa, y su padre estaba justo detrás de ella, dándoles la bienvenida. El aroma de la cena se sentía en toda la casa y Adriana y Kyle se miraron como si estuvieran cayendo en una especie de trampa, aunque ciertamente el único que se estaba divirtiendo de lo lindo allí era el pelador.

Zack los empujó hacia la mesa sin muchas ceremonias y Adriana agradeció que ninguno de sus hermanos menores estuviera allí, o de lo contrario el drama se convertiría en tragedia griega en un segundo.

—¡Ya me llegaron las noticias de que fuiste una sensación en las sesiones de publicidad de hoy! —exclamó Zack chocando el puño con Kyle y Adriana levantó una ceja preocupada viendo tanta complicidad.

—Y yo veo que tú estás muy interesado en su contrato, papá —replicó mientras se servía una copa de vino.

—Bueno, soy un hombre aburrido porque la nueva generación me desplazó y me sobra el dinero —dijo su padre encogiéndose de hombros—. Tengo que buscar algún entretenimiento sano y si este muchacho pelea tan bien…

—¡Papá! —se escandalizó Adriana y Kyle casi se ahogó de la risa con su vino.

—No se preocupe, señor Keller, yo soy una apuesta segura, puede apostar en la próxima pelea con confianza.

Sus ojos se dirigieron a Adriana con una sonrisa coqueta.

—Tus padres también tienen derecho a divertirse. ¿O qué crees? ¿Qué lo loca desquiciada lo sacaste del espíritu santo?

Zack escupió el vino de la risa y Andrea miró al techo haciéndose la desentendida porque ciertamente nadie sabía las locuras que habían hecho en su juventud.

La conversación fluyó fácilmente mientras comían, discutiendo sobre trabajo, pasatiempos y el reciente contrato. Sin embargo, en cierto punto Zack pareció dejarse ganar por la curiosidad.

—Entonces, Kyle, sobre tu mitad robot… —comenzó con cautela pero su hija lo interrumpió.

—Papá. Mejor hoy no.

Kyle alcanzó su mano por encima de la mesa y le dio un apretón ligero, indicándole que todo estaba bien.

—No pasa nada, es lógico que tenga curiosidad —dijo con una sonrisa.

—Sé que es un tema delicado —murmuró Zack—. ¡Pero te juro que quisiera ponerte sobre la mesa del garaje y desarmarte a ver cómo funcionas, muchacho! —exclamó con tanta sinceridad que Kyle estalló en carcajadas.

—Bueno, solo hay unas pocas personas en el mundo que pueden desarmarme —advirtió—. Mi tío y uno de mis hermanos menores que está aprendiendo, pero cuando toque el próximo mantenimiento lo invito y puede venir a ver cómo funcionan por dentro.

Zack parecía un niño con un juguete nuevo, y no hubo forma de que después de la comida Kyle no le hiciera una pequeña demostración de lo que podían hacer aquellas piernas.

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