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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 614

PELEAR POR TI. CAPÍTULO 72. Motivación intensiva

Lo importante no era que la propiedad fuera enorme, sino lo que tenía. Zack era un deportista retirado y el mejor en representación a pesar de sus años, así que había tenido que lidiar con lesiones toda su vida y sabía muy bien lo que hacía falta para una larga recuperación.

—Solo para que lo sepas, esto fue esfuerzo en equipo. —Adriana le hizo un guiño en cuanto se quedaron solos y caminó delante de él, mostrándole la casa.

Casi todo estaba en planta baja, para que ni siquiera tuviera que preocuparse por las escaleras, pero a medida que le explicaba cómo todo quedaba a su alcance, Adriana veía que el rostro de Kyle se iba ensombreciendo.

Ni siquiera imaginaba lo difícil que era para él volver a sentirse tan limitado, pero antes de que aquella oscuridad lo tocara ni siquiera un poco, alcanzó su boca con un beso coqueto y divertido y abrió la puerta trasera.

—Todavía no te pongas cómodo, ahora viene la mejor parte —le dijo mordiéndose los labios y Kyle vio una enorme estructura de cristales negros, como un diamante enorme en el jardín trasero, y rodó su silla hasta allá para ver el gimnasio más impresionante en el que había estado en toda su vida.

Debía tener unos trescientos metros cuadrados y no había nada que faltara allí, desde aparatos, piscinas de fisioterapia y de entrenamiento, hasta una enorme jaula en el centro de todo.

—¿Cómo…? Adriana ¿de dónde salió esto? —preguntó sorprendido y ella dio una vuelta frente a él.

—Somos expertos en deportistas ¿recuerdas? —le dijo—. Y yo soy experta en ti. Así que voy a estar aquí, tolerando todo tu mal genio y tus protestas, hasta que vuelvas a subirte en esa jaula.

Kyle pasó saliva, porque tenía miedo de que ella realmente no fuera capaz de afrontar aquello, después de todo, se conocía, y sí, tenía una alta capacidad para el mal genio, pero la verdad era que…

—No querría hacer esto con nadie más —confesó con los ojos húmedos—. Pero yo… Adriana…

Un segundo después sentía su peso suave a un costado de la silla y la forma traviesa en que ella se sentaba a horcajadas sobre él. Contuvo el aliento cuando ella cruzó los brazos detrás de su cuello y le acarició el cabello de la nuca. Podía sentir sus pechos pegados a su torso, su respiración suave y la curva de su trasero restregándose sobre su entrepierna.

—¡Así no puedo pensar! —se quejó con un puchero y la vio asentir.

—Esa es la idea. No quiero que pienses, no quiero que te preocupes… lo único que tienes que hacer es quedarte aquí… conmigo.

Y quizás eso fuera lo más simple de todo, porque parecía que tener a aquella mujer encima era lo único que podía hacerle olvidar el dolor que sentía, y de ese vendría mucho de ahí en adelante.

Decir que la fisioterapia era dura era hablar con ligereza. Dos médicos del equipo venían diariamente a revisarlo, pero tal como había dicho el doctor principal, pasarían semanas antes de que la inflamación bajara por completo. Mientras los ejercicios eran simples y dolorosos, pero de repente los analgésicos dejaron de ser tan frecuentes como los vasos de agua.

Adriana no supo exactamente en qué momento llegó aquel desastre en particular, pero entendía que Kyle ya había pasado suficientes veces por algo como aquello como para no reconocerlo.

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