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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 616

PELEAR POR TI. CAPITULO 74. Te amo

Era imposible describirlo. Simplemente tenerla con él era más de lo que podía soñar. No era sexo, era aquella intimidad coqueta donde los besos eran lo más importante, cada roce, cada jadeo compartido o cada pequeño latigazo de placer que los recorría a la vez.

Adriana era eso para él: un oasis de paz con placer, complicidad y risas donde la lujuria estallaba en cualquier lugar, incluso en el suelo de una jaula de pelea.

La escuchó ahogar un gemido mientras se dejaba resbalar por la malla de la jaula llevándola consigo, y no hizo falta mucho para que ella sintiera la presión de aquella erección contra su sexo. Estaba húmeda y sus pezones eran pequeños botones en su boca mientras Kyle los saboreaba y estimulaba cada centímetro de sus pechos.

Le encantaba con los ojos cerrados, sintiendo nada más. Le encantaba con los dedos enterrados en su cabello, tratando de guiarlo. Le encantaba sentada a horcajadas sobre él, moviéndose despacio, como si quisiera retrasar otro segundo lo que estaba a punto de pasar.

—Te deseo… —susurró Kyle en su oído y cualquier dolor quedó en el olvido mientras acariciaba sus nalgas y sus dedos se encajaban en sus caderas con un gesto controlador y dominante—. ¿Quieres esto, nena? ¿Lo estabas extrañando? —la provocó mientras la sentía restregarse sobre su erección.

—Mucho —sonrió ella mordiendo sus labios—. Muchísimo… solo quiero… ¡Ah! —Pero no pudo terminar, porque Kyle se había estado acomodándola despacio solo para bajarla de golpe y hundirse en ella con una embestida—. ¡Eso! Eso quería… —ronroneó ella, sintiendo aquella barra de carne que se abría paso en su cuerpo, rozando ferozmente cada una de sus paredes, entrando y saliendo sin piedad.

Las manos de Kyle en sus caderas la guiaron en un movimiento suave y acompasado, delicioso, hasta que la respiración de los dos comenzó a ser irregular. El choque entre ellos era inminente, la danza del sexo entre los besos era violenta y necesaria, mientras Adriana se perdía en su boca y tomaba todo, se cerraba alrededor de él con cada gemido y lo sentía tocar su final y seguir, seguir, empujar, lastimar, disfrutar, seguir.

—¡Más! —suplicó sin pensar y quizás lo peor de todo era que él tampoco estaba pensando, porque un segundo después Adriana tenía su pecho contra la malla y un grito se escapaba de su garganta mientras Kyle la penetraba con fuerza, dejando una marca roja y traviesa sobre sus nalgas—. ¡Espera… Kyle… no…!

—¡¿No qué, muñeca?! —gruñó él sujetando sus caderas con una mano y envolviendo su cabello en la otra para acercarse a su oído—. ¿Qué es lo que no quieres?

Y “no quiero que te lastimes” realmente salía sobrando porque era evidente que nadie saldría de aquella jaula sin dolor.

—Vamos nena, he estado extrañando tus gritos… ¿Me los regalas? ¿Solo un poquito? — preguntó embistiéndola con fuerza y la escuchó gritar mientras su miembro se perdía en ella de una vez y las nalgas de Adriana chocaban violentamente contra su ingle.

Era apretada y pequeña, y cada movimiento suyo la hacía gemir con desesperación. Adoraba hundirse en ella, escuchar sus ruidos, sentir la humedad que escurría desde su sexo mientras la penetraba con fuerza. Una y otra vez. Más rápido. Más duro. Más fuerte.

—¡Kyle…! —la escuchó suplicar mientras bombeaba en su interior como si quisiera romperla.

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