ROJO PROMESA. CAPÍTULO 13. El mejor tratamiento
Era un idiota, Ainara lo había sabido desde el primer minuto en que lo había conocido, pero mientras él había seguido siendo un niño consentido a lo largo de diez años, ella había crecido lo suficiente como para no pensar en venganzas inútiles.
Hacía mucho tiempo que Ainara había sacado los sentimientos del camino, porque se había dado cuenta de que no le servían para nada. Sin embargo no podía evitar que su cabeza fría y su corazón lleno de candados dieran recompensas o escarmientos conforme los idiotas a su alrededor lo fueran mereciendo.
Y eso incluía a Mauro Keller.
Suspiró al verlo colgar el teléfono y luego hacer un gesto de dolor llevándose una mano a la cabeza.
—¿Estás bien? —preguntó la muchacha acercándose y enredando los dedos en su cabello mientras se sentaba a horcajadas sobre él.
—Migraña, por tu culpa —rezongó Mauro.
—No me digas… soy tu dolor de cabeza personal —sonrió ella pero la negativa la preocupó en serio.
—No, de la anestesia, me dejó unas migrañas horribles —respondió él—. Cuando era chico me rompí una pierna y me tuvieron que operar, estuve con dolor de cabeza por meses, así que le calculo que le faltan dos o tres para que se me pase.
Ainara suspiró viendo que realmente se sentía mal y levantó su barbilla para dejar un beso suave en sus labios.
—Entonces ven, yo me voy a ocupar de quitártelo.
Tiró de él para que se levantara y se lo llevó al baño. No se molestó en encender la luz fuerte porque sabía que le molestaría, así que solo dejó la puerta abierta y dejó entrar la poca luz indirecta del corredor mientras abría la pila y dejaba correr el agua caliente en la bañera.
Lo desnudó despacio, rozando de cuando en cuando su piel con aquella lengua traviesa y cálida, y lo escuchó suspirar mientras se sentaba en la bañera y Ainara lo envolvía con sus piernas, haciendo que recostara la cabeza en su pecho mientras le acariciaba el cabello.
—Eres mala, mujer. ¿De verdad esperes que el dolor de cabeza se me pase con todo lo tuyo pegado a todo lo mío?
—Bueno… el sexo produce un montón de endorfinas, que son analgésicos naturales, así que sí, espero que se te pase —susurró ella en su oído sintiendo cómo la piel del hombre se erizaba—. Así que a partir de ahora, cuando te duela la cabeza, solo llámame.
Mauro hizo un puchero antes de pasar un brazo alrededor de su cintura y cambiarla de posición sin ningún esfuerzo. La sentó a horcajadas sobre él, sintiendo la presión de sus pechos contra su torso, y aquella agua pareció demasiado fría en comparación con ellos.
—OK, sexo salvaje para el dolor de cabeza. Anotado —suspiró contra su boca, antes de devorarla en un beso tórrido y sensual.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....