ROJO PROMESA. CAPÍTULO 15. Dime que no lo hiciste
Ainara sabía muy bien cómo comunicarse con el Senador Rosso sin que nadie lo supiera, lo había hecho durante años; sin embargo desde que había empezado a trabajar en como parte de su equipo de campaña, tenía toda la autoridad para llamarlo directamente a su celular sin ningún problema.
—Senador —fue su primera palabra en el momento en que el hombre respondió a su teléfono, y del otro lado se hizo un silencio lleno de sorpresas.
—¡¿Ainara?!
—Sí soy yo. Estoy en Berna ahora mismo, por favor necesito verte —sentenció la muchacha y la respuesta fue exactamente la que esperaba escuchar.
—No estoy en Berna ahora mismo, pero dame un par de horas y te veré en la oficina de la campaña. ¿Te parece?
—De acuerdo, ahí lo espero —declaró Ainara y no se molestó en usar al chofer que Mauro había puesto para ella porque estaba segura de que le daría la dirección sin dudarlo.
En cambio salió a la calle y tomó un taxi que la dejó a varias manzanas de la oficina de campaña del Senador en Berna. Ahí la conocían ya, y de inmediato la dejaron pasar a la privacidad de su oficina.
No tuvo que esperar mucho, para ser honesta, porque menos de una hora después Rosso entraba por la puerta de aquel despacho y la abrazaba con fuerza.
—¡Por dios, no puedo creer lo bien que te ves! —susurró aliviado mirándola de arriba abajo—. ¿Cómo te sientes? Recibí el mensaje que me dejaste en el buzón de siempre, ¡pero sabes que con decirme: “Estoy bien” no es suficiente!
Ainara sonrió por lo bajo, porque jamás había esperado ver a Rosso tan emocional, siempre había sido un témpano, y ciertamente no había imaginado que su accidente y saber que la muchacha había estado a punto de morirse había cambiado su perspectiva en muchas cosas.
—Estoy bien, de verdad —le sonrió.
—¿Y la operación? ¿Te han seguido revisando? ¿No hay problemas con tu hígado nuevo? —la increpó y ella negó.
—No, Mauro ha estado cuidando bien de mí. Estuve en una clínica, estoy… bastante recuperada, los dos lo estamos —aseguró Ainara y el Senador asintió despacio.
—Lo siento mucho por irme, pero Keller me dijo… me dijo que te salvaría la vida si me alejaba —murmuró.
—Lo sé, es un idiota pedante pero no se puede negar que su hígado funciona muy bien —suspiró la muchacha—. Y algunas partes de su cerebro son decentes todavía, por eso estoy aquí. Mauro está tratando de sacar la licitación para construir un hospital y al parecer se la denegaron por órdenes de alguien poderoso. Y él cree que ese alguien eres tú.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....