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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 670

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 42. Pase lo que pase

Rolf Weber esperaba cualquier reacción de parte del tipo que se había casado con la mujer que estaba criando a su hija, pero sin dudas que lo mandara al suelo de un puñetazo no era una de ellas.

—Pero… ¿¡te has vuelto loco!? —gritó tocándose la nariz, de la que salía un hilillo de sangre.

—Al contrario, y para que conste, estoy tan cuerdo que controlé mi fuerza lo suficiente como para no rompértela, porque me imagino que sería muy vergonzoso dar uno de tus famosos discursos con la cara morada. ¿No es cierto? —siseó Mauro—. Pero como vuelvas a faltarle el respeto a mi esposa, te garantizo que haré mucho más que eso. ¿Te quedó claro?

Rolf Weber se incorporó apresurado, mirándolo con odio a él y a Ainara, que se había levantado de su asiento sorprendida y asustada.

—¡Eres un imbécil! ¡¿Cómo puedes dejar que una mujer gobierne tus actos?! —gruñó furioso—. Yo solo vine a ofrecerte un buen trato, a sacarte a la niña del camino… Solo quiero llevármela, que viva conmigo…

—¿Y por qué demonios harías eso, especialmente después de tantos años? —replicó Ainara con fiereza, levantando la voz—. ¡Dijiste que no la querías! ¡Que eras un hombre casado, que June arruinaría tu reputación y tu carrera si llegaba a saberse que tenías una hija ilegítima!

—¡Eso fue hace años! —espetó él.

—¡Para mí es como si hubiera sido ayer! —replicó Ainara con actitud desafiante—. ¿La quieres ahora? ¡Entonces dime por qué!

Rolf Weber se giró hacia ella y Mauro supo que había hecho bien en poner un escritorio de por medio entre ellos dos, porque si aquel tipo solo osaba dar un paso hacia Ainara, la próxima llamada que le haría a su tío Jhon sería para que lo ayudara a desaparecer un cadáver.

—¡Tú no te atrevas a meterte en esto que no es tu problema! ¡La niña es mi hija! —le espetó con desprecio—. Tú solo eres la arrastrada que la está criando, pero no creas que puedes meterte en mi camino, y ni por un segundo pienses que un hombre como Keller no es lo suficientemente inteligente como para no saber lo que le conviene. —Y acto seguido se giró hacia Mauro—. No seas idiota, te estoy haciendo un favor llevándome a la niña. ¡Puedes tener tus propios hijos con tu adorada esposita en vez de criar a una chiquilla que no lleva tu sangre!

Mauro le sonrió con el mismo desprecio y añadió una mueca de asco a la ecuación.

—Pues gracias por la oferta, pero creo que se está equivocando, Senador Weber, porque June es mi hija, mi hija biológica, y tengo una prueba de paternidad que lo demuestra.

—¡Eso es imposible…!

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