ROJO PROMESA. CAPÍTULO 47. Una estupidez.
La voz de la mujer era tan tajante, que si no la hubiera amado como la amaba, Mauro probablemente le habría tenido miedo.
—¡Ainara no seas infantil! —le reclamó Rosso—. El que está haciendo esto sabe… sabe cosas. Sobre nosotros, ¡sobre ti! ¡Maldición sabe cosas sobre ti que ni yo sabía!
Ainara miró a su padre como a un completo extraño y su último gesto fue dar un paso a un costado para dejarle libre el camino hacia la puerta.
—Me importa muy poco lo que se sepan de mí. Yo no soy la que tiene algo que esconder. Ahora haz el favor de irte, si tengo que repetirlo llamaré a seguridad.
Rosso pasó a su lado con un gruñido de impotencia, porque si había esperado cualquier tipo de ayuda de parte de los Keller era evidente que se había equivocado, pero apenas la puerta se cerró detrás de él, Mauro alcanzó a Ainara y la muchacha escondió el rostro en su pecho.
—Lo siento, lo siento mucho, amor, no te lo dije porque no quería… no quería lastimarte así—murmuró él y solo escuchó una risa baja y amarga.
—No me lastima, créeme —replicó ella—. Desde que tengo a June lo entendí. Los hijos son sagrados, no hay nada más importante que ellos, nada, ni siquiera una carrera política. Así que todo lo que una vez entendí o traté de justificar para Rosso, eso ya quedó atrás.
—Pero sigue siendo tu padre y se supone que él debía cuidarte, protegerte.
—No, te equivocas —sonrió ella—. Rosso nunca ha sido mi padre. Ha sido el hombre que me hizo, y luego el que tenía que tolerar porque me daba dinero para el tratamiento de mi madre… y luego el hombre al que protegía por costumbre o porque me mantenía en un buen trabajo y yo necesitaba dinero. Pero Rosso jamás ha sido un padre para mí, así que saber que le importo tan poco como para frenar la investigación de un atentado contra mí, bueno… ya eso no me lastima.
Mauro alcanzó su boca con un beso delicado, pero a pesar de lo fuerte que era su esposa y quizás por eso mismo, él sabía todo el consuelo que necesitaba.
—¿Crees que esto de chantajear al senador tenga algo que ver con Weber y su mujer? —preguntó y Ainara se encogió de hombros.
—Bueno, por desgracia mi catarsis no nos dejó preguntarle exactamente cómo lo estaban chantajeando —suspiró ella.
—O quién —añadió Mauro y ella se dio la vuelta, subiéndose de un suave empujón sobre la mesa mientras sus ojos se perdían en el vacío, pensativos.
—El quién no es muy difícil de imaginar —sentenció—. Solo hay dos personas aparte de nosotros que estaban perfectamente enteradas de la situación, porque eran los encargados de controlar los daños: los abogados del Senador: Lugh y su padre.
Mauro hizo una mueca al escuchar aquel nombre y se acercó a ella, acariciando sus piernas desde las rodillas hasta el nacimiento de sus muslos con gestos tranquilizadores.
—¿Crees que ellos…? No, no puede ser…
—¿Entonces por qué no están aquí? —lo increpó Ainara—. ¿Por qué Lugh o su padre no están aquí con el senador en medio de su crisis de extorsión? —La pausa fue breve pero contundente—. Te garantizo que ellos son los que lo están chantajeando.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....