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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 680

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 52. Alguien más

El rostro del senador Rosso se descompuso visiblemente. Solo una fracción de segundo le duró la sorpresa, suficiente para que Ainara comprendiera que algo de aquello era nuevo para él, o la muerte de Lugh o su acusación.

—¿Muerto? ¡¿Cómo que Lugh está muerto?! —espetó levantando la voz porque en medio de aquel lugar vacío y más de madrugada, no le importaba gritar.

—¡Muerto, asesinado! —replicó Ainara con determinación.

—No… no puede ser…

—Pues es exactamente como lo oyes. Acabo de ver las fotos y créeme que no son nada agradables a la vista. Y no se me ocurre nadie más que hubiera querido matarlo, porque seamos honestos, solo te estaba chantajeando a ti.

El senador Rosso dio dos pasos atrás con expresión de impotencia, pero Ainara no parecía dispuesta a cederle terreno.

—¡Cállate, no digas eso ni…!

—¡¿Y por qué no?! ¡Delante de mí no tienes que disimular, padre! —escupió con sarcasmo—. A ti no te importa nada más que tu preciada carrera y tu falsa reputación intachable. Y sabemos que los únicos que estaban al tanto de que yo era tu hija eran Lugh y su padre. Te has pasado media vida tratando de ocultar tu peor secreto, ¡apuesto que hasta respiraste aliviado cuando mandaste a cerrar la investigación del atentado que me hicieron!

—Ainara…

—¿¡No es cierto!?

—Las cosas no son tan simples…

—¡¿NO ES CIERTO?! —le gritó ella y Rosso replicó con rabia:

—¡Sí, sí es cierto! ¡Es cierto que me sentía aliviado cuando la investigación se detuvo! ¡Es cierto que no quiero que nadie sepa que eres mi hija, pero yo no te hice ese atentado, solo le presioné al detective del caso para que dejara de investigarlo…!

—¡Excelente laguna jurídica para limpiarte la puta conciencia! ¿no es así? No eres un asesino, solo fuiste cómplice para dejar libre a uno —escupió Ainara con rabia.

Sin embargo para ese momento Rosso ya estaba más descontrolado que ella.

—¡Pues sí, justifícalo o no lo justifiques, no importa! ¡La realidad es que eres una hija ilegítima! ¡Lo último que quería era preñar a tu madre pero ya vez que rara vez las cosas salen como uno quiere! —siseó Rosso con impotencia—. ¡Pero desde que supe de tu existencia me he ocupado de ti, bien o mal, pero me he ocupado! ¡Así que muy malagradecida tienes que ser para acusarme del asesinato de un tipo al que ni siquiera querías!

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