ROJO PROMESA. CAPÍTULO 51. Estrategia
Mauro podía jurar que estaba a punto de tragarse la lengua de la impresión, y le detective frente a ellos nos estaba mucho mejor. Sabía que Ainara era una mujer fuerte y sagaz, pero también estaba convencido de que era perfectamente capaz de cumplir con esa amenaza y sabía que lo haría por sacarlo de la cárcel.
—Señora Keller, usted no puede… —empezó a decir el policía y ella le dejó ver una sonrisa sarcástica.
—Por favor, en este país la Libertad de expresión hace mucho que se incluyó en la Constitución, así que por favor, no se moleste en decirme lo que puedo hacer y lo que no. El senador Rosso es un sospechoso y…
—Pero no es el único —sentenció Mauro en voz baja y Ainara lo miró. No, no era el único, y quizás ese era el problema, que cualquiera de sus enemigos era lo suficientemente poderoso en la política como para que la policía temiera meterse con ellos.
—¿Podemos hablar en privado? —le pidió al detective y apretó la mano de Mauro con suavidad, sabiendo que no podría evitar las protestas, pero con o sin ellas salió de allí y se encerró en un despacho privado con el detective.
—Usted dirá, señora Keller —carraspeño el hombre nervioso.
Ainara cruzó los brazos y se apoyó en el escritorio, pensativa. No le había mentido al detective, ser una hija ilegítima de un hombre con poder la había hecho aprender y aprender bien, y si se calmaba era capaz de calcular todo lo que estaba a punto de pasar.
—Usted sabe que él no lo hizo, Mauro no mataría ni una mosca, pero traer al Senador aquí a interrogarlo tampoco será efectivo, llegará con una comisión de abogados y luego demandará al departamento de policía solo por hacer su trabajo —murmuró con fastidio.
—Menos mal que usted es una mujer inteligente y entiende mi posición… —empezó a decir el detective pero ella le dirigió una mirada para que se ahorrara los halagos innecesarios.
—No se confunda, no estoy acusando a mi padre de homicidio, pero si él lo hizo, la única que puede sacarle una confesión soy yo —sentenció Ainara—. Póngame un micrófono o lo que sea, y déjeme ir a hablar con él.
El detective se quedó mudo por un minuto, pero aquella era mucho mejor idea, definitivamente, que emplazar a un Senador sin tener pruebas contundentes, así que si la mujer conseguía una confesión tenía carta abierta para arrestarlo, pero si no, al menos se ahorraría el mal trago y las explicaciones.
—Está bien, está bien, lo haremos como usted quiera —accedió por fin—. Mañana a primera hora vamos a…
—No, ahora mismo —sentenció Ainara—. Mi padre me conoce lo suficiente como para saber que le tiraría la puerta de su casa por esto, no se va a tragar el cuento de que me esperé toda una noche para hablarle.
Sacó su teléfono y marcó el número de Rosso, y en cuestión de segundos ya el Senador le estaba respondiendo y entre miles de explicaciones la citaba en el edificio de la Sede de campaña.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....