ROJO PROMESA. CAPÍTULO 54. Una duda
Nadie podía discutir con la resolución de un Keller cuando el amor de su vida estaba en peligro, y no había que ser especialmente inteligente para darse cuenta de que Ainara era el amor de su vida.
El detective respiró hondo mientras intentaba dominar aquella ansiedad, pero finalmente le hizo un gesto a todos para que se fueran y señaló a su oficina, donde terminaron entrando Ainara, Mauro, Loan, Jhon y los dos oficiales de mayor confianza en el caso.
—Si vamos a hacer esto, tienen que saber dos cosas: la primera es que no puedo poner la vida de un menor riesgo para capturar a un asesino, y la segunda, es que si van a meterse en la boca de ese lobo en particular… —El detective se detuvo—. Honestamente no estoy seguro de que podamos protegerlos como deberíamos, digo… si esa gente mató a nuestra víctima… lo que le hicieron…
—Estaban buscando algo importante, detective, algo que podía ponerles en las manos lo que quieren —suspiró Mauro.
—La pregunta es por qué —lo increpó el policía.
—Supongo que de eso se enterará a su debido momento, exactamente como nosotros, porque créame cuando le digo que hasta las obsesiones tienen sus límites, así que no creo que esta sea muy comprensible para nadie —murmuró la muchacha con un suspiro determinado—. Pero si ellos mataron a Lugh, no necesito entenderlos, solo ayudar a atraparlos.
Y no había más que decir. Una hora después Mauro y Ainara estaban listos y Jhon repetía una tras otra las instrucciones como si quisiera grabarlas a fuego vivo en su memoria.
La mujer en el teléfono la había citado en una zona industrial alejada de la ciudad, donde solo habían viejas fábricas, almacenes y algún que otro galpón abandonado. Eran escasos los guardias de seguridad que merodeaban a aquella hora en los que todavía estaban activos, y los últimos minutos de oscuridad los encontraron entrando a una vieja nave que parecía estar desahuciada desde hacía mucho tiempo.
La oscuridad era casi total, pero conforme avanzaban Ainara fue capaz de observar al fondo dos figuras; y apenas se bajó, supo que reconocía a aquella mujer de las fotos de la investigación. Mauro, por su parte, también la reconoció como la mujer que estaba merodeando a June en el parque el día que él se había enterado de la existencia de la pequeña.
—¡Te dije que vinieras sola! —escupió la Khloe retrocediendo al ver que mauro se bajaba del asiento del copiloto.
—No, esas palabras no salieron de tu boca —siseó Ainara en respuesta—. Además no veo la necesidad de venir sin acompañante, cuando es evidente que el tuyo está ahí dentro —sentenció señalando la camioneta que estaba detrás de Khloe—. ¿O me vas a decir que tu marido no está ahí?
—Ya puede salir, Senador —lo animó Mauro con tono ronco—. De todas formas estamos aquí para negociar… y yo prefiero hacerlo con un hombre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....