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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 688

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 69. Una locura familiar

Cualquier otra mujer en su lugar se hubiera puesto a dar saltos, no todos los días un Keller ponía la rodilla en el suelo para proponerse, sin embargo Ainara no era de las que hacían escándalo por eso, porque una boda era lo de menos para ella cuando ya tenía un matrimonio que había resultado ser muy real.

Sus ojos se humedecieron por un hermoso segundo y dio un paso atrás para ver Mauro de arriba abajo con un suspiro más que coqueto.

—¡Tengo que confesarlo: jamás pensé verte ahí en serio, niño bonito! —le susurró.

—¡Jamás pensé que tendría la oportunidad! —suspiró él, pero se notaba que la esperanza le vibraba en la voz—. La primera vez fue puro protocolo, muñeca, así que quiero hacer esto bien y quiero hacerlo en serio. Te amo, y quiero tener la oportunidad de repetir la promesa que te hice, pero esta vez lo suficientemente alto como para que cualquiera de mis hermanos, primos, tíos, padres, familia en general puedan dispararme con justificación si alguna vez me llegó a despistar.

Ainara se inclinó para darle el beso más dulce del mundo y acarició su cabello, tirando de él hasta que el cuerpo de Mauro estuvo completamente pegado al suyo, estremeciéndose con aquel calor y aquella necesidad que lo dominaba todo.

—Te amo, niño bonito —susurró contra su boca—. Y si por alguna triste casualidad se te ocurre despistarte, yo misma voy a ser la que te dispare, pero mientras tanto, voy a jurar delante de quien tenga que jurar que voy a quererte toda la vida.

Mauro la abrazó con fuerza antes de tomar su boca con un beso posesivo, y la sintió derretirse bajo sus manos. Las caricias se hicieron urgentes y muy pronto del frío de la calle el único recuerdo que quedó fueron las ropas regadas por el suelo, mientras ellos se perdían el uno en el otro frente a la chimenea del salón.

Eran felices. Por fin después de tantos años, de tantas intrigas y tantos problemas, por fin gran felices, y lo único que Mauro quería era que todos lo supieran. Sin embargo la posibilidad de nueva boda, y sobre todo de aquella nueva promesa, solo sería el punto de partida para todo lo bueno que se avecinaba.

La familia celebró emocionada la noticia, porque sin dudas todos estaban convencidos de que aquel amor era más real de lo que ellos mismos habían imaginado desde un principio. Enseguida se fijó la fecha para una nueva boda, y por supuesto que todos se ajustaron para hacer un viaje relámpago a París.

—¿París? ¿Por qué París? -preguntó Ainara de repente porque aquello parecía ser muy importante para los Keller—. ¿Es tradición hacer las bodas verdaderas en París?

—No, nada de eso -le sonrió Dana-, pero digamos que muchas cosas buenas han salido de allá, y ustedes ya se han perdido demasiados años juntos así que se merecen celebrar en el lugar más romántico del mundo.

—¡Y conste que somos Keller! —advirtió Loan—. ¡Soy capaz de mandar a cerrar la mitad de los Campos Elíseos y la Torre Eiffel solo para que se casen por todo lo alto!

—¡Y para que Mauro tenga de dónde tirarse en la noche de la despedida de soltera! —gritó Adriana desde el otro extremo de la mesa y Mauro abrió mucho los ojos al ver la sonrisa socarrona de su novio Kyle.

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