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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 692

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 3. Solos en la tormenta

Kim sintió que cada fibra de su cuerpo se estremecía mientras corría desesperadamente detrás de Peter. Sabía que el Pico Skatgan era peligroso, pero entre las muchas cosas en las que había estado pensando antes de hacer aquel viaje, en ningún momento se le había ocurrido chequear cómo estaría el clima.

—¡Peter… Peter ¿qué es eso?! —gritó, pero sabía que el viento era tan fuerte alrededor que él no podía escucharla.

Peter tiró de ella con violencia, y Kim se dio cuenta de que no iban arriba ni abajo, sino de costado, tratando de surcar la montaña hasta el paso más cercano. Era como un estrecho entre dos elevaciones rocosas en la montaña, lo único que estaba a cubierto alrededor.

Peter no estaba tan loco como para subir a un sitio peligroso y no tener opciones de respaldo, sin embargo ni había esperado quedarse tanto tiempo, ni había esperado que la tormenta se desatara tan rápido.

Así que lo único que podían hacer era seguir avanzando hasta que lograron volver a las motos de nieve y a partir de ahí todo fue mucho más complicado.

Kim se quedó muda cuando lo vio patear furiosamente una de las motos y arrancarle algo que parecía un pedazo importante. Sin embargo ese pedazo Peter lo lanzó dentro de una bolsa y se lo echó al hombro.

—¡Vamos vamos muévete! —le gritó subiendo a la otra moto de nieve que evidentemente ahora era la única que servía, hizo que Kim se subiera detrás de él y le bajó la capucha sobre la cara.

Lo siguiente que ella le escuchó susurrar en su oído la paralizó.

—Es mejor si no ves lo que va a pasar ahora —gruñó Peter encendiendo el vehículo, y pronto Kim tuvo que aferrarse a él sus fuerzas, peleando por mantenerse estable mientras Peter atravesaba una parte de la montaña, huyendo de aquella niebla blanca y grisácea que bajaba.

La ventisca estuvo a punto de volcarlos y arrastrarlos un par de veces, pero parecía que él sabía maniobrar lo suficiente como para ponerlos a favor del viento, y conseguir que no rodaran en medio de la nieve. La muchacha ni siquiera supo cuánto tiempo pasó en aquella tortura. No podían ser más que minutos, pero se sentían como horas o incluso días.

Finalmente cuando estaba al borde de la más absoluta desesperación, sintió que él se detenía bruscamente y tiraba de su capucha hacia atrás para que ella pudiera ver dónde estaban.

La cabaña a la que habían llegado era una estructura angosta y diminuta que parecía fijada a la ladera misma de la montaña, como si la hubieran sacado de la roca, y quizás eso era lo único que la mantenía realmente protegida.

Debía medir quizás unos siete u ocho metros de ancho por otros cuatro de fondo, y la puerta estaba completamente cerrada.

Kim se sorprendió cuando Peter encontró de inmediato una llave en lo que parecía un pequeño buzón junto a la puerta y de inmediato la abrió. Adentro no estaba mucho más cálido, pero indudablemente los gruesos troncos con que estaba hecha protegían del viento del exterior.

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