Solo las mujeres más cercanas a ellos lo sabían, y Kim estaba a punto de descubrirlo. Un Keller con instinto sobreprotector era capaz de derretir una montaña entera de nieve y no precisamente por lo sexi.
Peter sentía que el cuerpo le vibraba, que la piel le vibraba de la rabia que cargaba en ese momento, porque por desgracia aquellas marcas en la piel de Kim significaban mucho, y significaban cosas que por más que ella tratara no sería capaz de negar.
—¡No, no, no fue nada! —exclamó la muchacha tratando de calmarlo, pero el ceño del hombre que tenía delante no admitía justificaciones.
—¿¡Cómo que no fue nada, Kim!? ¡Te guste o no eres un maldito libro abierto, y uno ilustrado encima, no hay forma de que te toquen y no se te quede escrito en la piel cómo y por qué lo hicieron! —gruñó Peter—. ¿Crees que no soy capaz de identificar la intención detrás de marcas como esta? —jadeó mientras colocaba sus dedos en los mismos sitios de cada uno de aquellos moretones y levantaba la cara de Kim hacia él sin apretarla.
A medida que lo hacía sentía que el corazón se le terminaba de hundir, porque ninguna mujer, absolutamente ninguna mujer merecía que la agarraran de aquella forma a menos que fuera para comérsela a besos, y estaba más que seguro de que eso no era precisamente lo que había pasado.
—¿Así te hizo? —espetó y vio cómo los ojos de la muchacha se cristalizaban.
—Peter, por favor...
—¡Respóndeme! ¿Así te hizo? —siseó como si su mundo estuviera perdiendo los colores para ponerse solamente en negro y rojo, como si la ira tuviera tonalidades y solo fueran malas—. ¿Qué más te hizo, Kim?
—¡Nada, no me hizo nada, te lo juro! ¡Te juro que no me hizo daño, Peter, solo se me quedan las marcas por cualquier cosa...!
—¡Hay muchos tipos de marcas, maldit@ sea! ¡Y nadie, ¿me oyes? nadie tiene por qué hacerte marcas como esta! ¡Te pregunté qué más te hizo! ¡Contéstame! ¿¡O quieres que lo averigüe por mí mismo?!
Kim despegó los labios, pero ni siquiera estaba segura de qué podía responderle para que se tranquilizara, y aquella falta de respuesta fue lo que terminó de descontrolar a Peter. Soltó su cara con un gesto suave, pero sus manos no lo fueron en el momento en el que abrió bruscamente los broches de su abrigo para quitárselo.
—¡Espera, ¿qué haces...!?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....