EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 20. Descontrol
Aquella era una m*****a locura y lo sabía. No había forma de que sus besos no le dejaran marcas en la piel por más delicado que fuera, pero también era una locura la forma en que la deseaba, la forma en que la necesitaba, al punto de olvidar cualquier rastro de sentido común que tenía.
Era una mujer casada.
Era una maldit@ mujer casada y aun así no podía evitar sentir que donde pertenecía era con él.
Peter jamás había sentido algo como aquello, y hubiera querido decir que solo era el desenfreno del sexo, pero por desgracia no era así, porque no importaba cuántas veces se hundiera en ella, no importaba la fuerza o la delicadeza con que la penetrara, no importaban los jadeos, ni los gritos, ni el sudor... Nada de eso podía compararse a sentir su piel, a besarla, a escucharla reír.
Alcanzó una de sus manos para tirar de su cuerpo hacia él, mientras veía cómo la espalda de King se hacía un arco de gusto, y sus rodillas se alzaban por encima de sus caderas, anclándose detrás de su espalda para recibirlo mejor.
—¡Maldición, eres una diosa! —gruñó contra su boca devorándola. Sabía que no debía dejarle marcas y aun así no podía evitarlo, no podía evitar que su lengua la explorara, que sus dientes mordieran, y que sus manos acariciaran todo su cuerpo con posesividad.
—¡Peter...! —la escuchó susurrar con desesperación mientras la embestía con fuerza.
Aquella posición no solo mezclaba el sudor entre los dos, sino que hacía que llegara más hondo, más fuerte. El roce de sus paredes era violento y feroz. Peter podía sentir cada centímetro que abría, cada espasmo y cada tensión de su sexo.
Y aunque él estaba peleando con todo por mantener el control, era evidente que ella no. Las uñas de Kim se clavaban en su espalda como pequeñas garras mientras su boca solo exhalaba jadeos desesperados.
—Por favor, más...
—¡Nena, más no puede ser! —replicó él lamiéndole el labio inferior, que una vez más estaba de un color morado intenso—. No puedes...
—¡Por favor, olvídate de todo! —suplicó ella con desesperación—. ¡Maldición olvídate de todo! —gimió mientras por primera vez en mucho tiempo se permitía perder el control.
Lo deseaba. Ni siquiera había una medida para aquello, lo deseaba tanto que no le importaba cómo o cuánto le marcara. Solo quería sentirlo más, tenerlo más, solo quería vivir aquel momento de locura exactamente como lo sentía, sin ninguna maldit@ barrera de teniéndola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....