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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 716

Preparar algo como aquello desde el inicio parecía una locura, pero Kim había jurado que jamás había visto a Peter tan emocionado desde que lo conocía. Por supuesto que de inmediato contactó con su representante, y en cuestión de pocas horas ya se habían puesto de acuerdo en lo que iban a hacer.

Kim sintió que el corazón le latía como si fuera una pelota de ping pong en manos de profesionales en el mismo momento en que vio a Peter abrir aquel contenedor de fibra de vidrio y sacar los esquís.

—¿Crees que soporten una bajada como esa? —preguntó la muchacha nerviosa porque por más ganas que tenía de que aquello resultara bien, lo más importante para ella en ese momento era que Peter no se lastimara.

Lo vio evaluar una y otra vez la resistencia y la flexibilidad de los esquís, y luego hacerle una pequeña señal de asentimiento.

—Van a soportarlo, te lo prometo, y si no lo soportan siempre recuerda que soy un esquiador profesional —susurró acercándose a ella y acariciándole el rostro con las manos, porque no podía soportar verla preocupada—. Nada me va a pasar, soy cuidadoso y soy un experto, así que te prometo que voy a llegar a la base de la montaña en una sola pieza ¿de acuerdo?

La muchacha cedió con nerviosismo y dejó un suave beso en sus labios, y lo que siguió a partir de ahí fueron días tan movidos que apenas tenían tiempo de sentarse ninguno de los dos. Preparar un evento de aquella magnitud llevaba mucho esfuerzo, pero por suerte el apellido Keller también arrastraba mucha gente, y muy pronto se esparció la noticia de que Peter Ferguson, campeón mundial de Juegos de Invierno, cometería la locura de intentar un descenso en una de las pistas de esquí profesionales más completas del mundo, nada menos que sobre unos esquís pertenecientes al pionero del deporte Arnold Lunn, ¡que tenían más de cien años de fabricados!

Sobra decir que en cuestión de pocos días todos los hoteles y casas de huéspedes alrededor se habían llenado de todo tipo de personas. Las ciudades cercanas estaban abarrotadas de visitantes esperando el evento, los periodistas pedían una entrevista tras otra, los patrocinadores estaban desquiciados de la emoción, y aquello prometía pasar a la historia como un acto singular en los deportes de invierno.

Dos días antes del evento Kim sentía que apenas le daba tiempo de respirar, pero cada vez que recordaba cuál era la finalidad, eso le daba fuerzas para seguir adelante.

Especialmente en el mismo momento en que Peter se acercó a ella con un montón de folletos y rascándose la cabeza.

—No me puedo decidir, la verdad es que no me puedo decidir —murmuró con impaciencia mientras se acomodaba en la cama leyendo toda aquella papelería, y Kim se acurrucó en sus brazos, intentando revisar también qué era lo que le preocupaba.

—¿Estás bien? —lo increpó con un suspiro.

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