Era una completa locura, pero era una locura hermosa. Los esquís de Arnold Lunn habían vuelto a su caja de fibra de vidrio, fijos de nuevo para que nadie pudiera tocarlos, y por suerte no le habían salido más que un par de grietas en aquel descenso.
Tanto Kim como Peter se aseguraron de estar presentables en solo una hora, y luego comenzó la otra parte del evento.
Se había organizado una recepción inmensa, y aunque Peter había planificado que solo el dinero de la subasta de los esquís fuera para donación, la realidad era que con tantas organizaciones benéficas presentes, mucha gente se animaba directamente a hacer sus donaciones con ellos, así que la noche estaba saliendo a pedir de boca.
—¿Crees que saldrá bien? —preguntó Peter girándose hacia Kim, que se colgaba de su brazo tratando de disimular el cansancio que sentía—. Digo, ¡no puedo ser yo el único loco que pague miles de euros por esos esquís! ¿no es cierto?
—Claro que no —trató de tranquilizarlo Kim—. El mundo está lleno de locos y estoy completamente segura de que varios de ellos están aquí hoy para participar en esta subasta.
Peter le sonrió con dulzura y alcanzó sus labios con el beso más suave y tierno que había dado en su vida. Tenía algo adicional planificado para el final de la noche, algo que solo era para Kim y para él. Metió la mano inconscientemente en el bolsillo de su pantalón y tocó aquella pequeña cajita. Sabía que ella estaba en medio de un proceso de divorcio, y que quizás era demasiado pronto para formalizar las cosas entre los dos, pero aun así quería que ella estuviera segura de que él iba en serio, de que todo aquello que estaban viviendo era lo mejor que le había pasado, y que no estaba dispuesto a renunciar a eso.
Sin embargo aquella propuesta especial tendría que esperar, porque mientras tanto la gente estaba bebiendo y poniéndose a tono, y para las diez de la noche ya uno de los mejores martilleros de subastas, al que habían contratado especialmente para la ocasión, reunió a todos en uno de los salones y comenzó a relatar no solo la historia de los esquís, sino la hazaña que todos allí acababan de ver, porque a más de cien años de su fabricación habían soportado un descenso en pistas profesionales.
Por supuesto que la emoción se sentía en el aire, la subasta abrió nada menos que en medio millón de euros y comenzó a escalar con tanta rapidez que Peter apretó la mano de Kim porque sentía que de lo contrario no podría confiar en sí mismo.
—¡Tengo que estar soñando! ¡Dime que tengo que estar soñando! —susurró por lo bajo mientras el corazón de latía a toda prisa y la muchacha lo abrazó sonriendo.
—¡No, no estás soñando, ya pasó de los dos millones! —replicó Kim sintiendo aquella misma emoción desbordarse en su sangre.
Aunque si era honesta, y por desgracia en aquel momento no lo era, tenía que reconocer que si se aferraba tanto a él era precisamente porque sus propias fuerzas estaban fallando.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....