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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 726

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 37. Una huella pequeña

Tenía sueño. El paisaje alrededor era absolutamente perfecto, y tan lleno de calma que si Kim era honesta, debía reconocer que jamás en su vida se había sentido tan en paz. Sin embargo algo más cosquilleaba en su interior, y era aquella necesidad urgente de hacer algo más, de hacer lo último, de no irse sin haber dejado al menos una huella pequeña, una que fuera para ayudar a los demás.

Así que un mes después de haber llegado a Bali, Kim luchó contra aquel cansancio para ser ella la que despertara a Peter esa mañana.

—¿Qué pasa, nena, estás bien? ¿Te sientes algo? —la increpó él preocupado, porque era extraño que la muchacha se despertara con el sol.

—Sí, no es nada, solo... Solo quería preguntarte si te parece bien que nos vayamos de aquí —respondió Kim

—¿Irnos? —le preguntó Peter sin comprender—. ¿Irnos a dónde, muñeca?

—Bueno, estaba pensando que quizás pudiéramos ir a Inglaterra —respondió ella con un suspiro—. De verdad me encantaría visitar esa escuela que tienen los King. Podríamos tomar ideas y...

Se interrumpió cuando se dio cuenta de aquella duda en la expresión del hombre frente a ella. Peter solo quería que descansara, que disfrutara, pero la verdad era que cada vez tenía menos tiempo, así que lo último que quería era quedarse estancada en aquel lugar por más hermoso que fuera.

—Peter, esta burbuja se va a romper en cualquier lugar —le dijo con seriedad y vio que sus ojos se humedecían—. Quiero aprovechar el tiempo que me queda.

—Kim...

—Y no quiero tener que recordarte a ti también que ese tiempo cada vez es menos. ¡Por favor, necesito hacer algo! ¡De verdad necesito hacer algo hermoso antes de irme! —murmuró la muchacha porque ya no tenía tanta fuerza como creía para discutir.

Sin embargo no tuvo que hacerlo, porque él solo le dio la vuelta y la estrechó entre sus brazos, susurrándole al oído las palabras que sabía que podían calmarla.

—Entonces vamos a hacer grandes cosas, vamos a hacer cosas hermosas tú y yo —le aseguró—. Voy a pedirle a mi madre que nos mande el avión y esta misma noche podemos viajar ¿te parece?

La muchacha asintió con suavidad y esperó ansiosamente hasta la noche, porque no podía negar que estaba demasiado entusiasmada con conocer aquella escuela—hogar.

Y la esperanza era una cosa tan impresionante que al día siguiente muy temprano, Kim se había olvidado de casi todo su agotamiento para subirse con él a aquel automóvil y emprender el hermoso camino hacia los suburbios londinenses, hacia esa zona rural vasta y tranquila donde los King habían acogido bajo su tutela a tantos niños.

—Este es uno de los hogares con tasas más altas de adopciones —dijo ella mientras observaba el camino con curiosidad—. Pero incluso los niños que se quedan hasta ser mayores, hablan de haber tenido una hermosa infancia aquí.

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