EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 50. En esta vida
18 años después.
La mañana era tan suave en Lucerna que no parecía que el invierno estuviera a punto de comenzar. Los chiquillos estaban emocionados esperando la primera nevada, y aunque el jardinero del colegio estaba rezongando porque se suponía que debía tirar ya todas las hojas del otoño, Peter trataba de apaciguarlo porque todavía los niños querían jugar en los montones apilados en medio de los jardines.
—Te diría que los consientes mucho —suspiró Mauro caminando junto a él mientras los chicos iban y venían, saludándolo o lanzándole algún balón que Peter les devolvía de una patada certera—. Pero la verdad es que no se les puede discutir que son felices aquí.
—Lo sé. Son capaces de desesperar a un santo, pero son buenos niños, y hemos logrado que tengan una buena vida en este lugar —respondió Peter—. Por cierto, si quieres que vayamos por ese café tiene que ser ahora, que luego Dandara me asalta con todo lo que tengo pendiente y ya ni podemos hablar.
—¡Entonces apúrate, que no nos vea! —replicó Mauro, porque sabía que no había quien pudiera responderle con un NO a la primogénita de Chiara y Jhon.
Y aun así mientras se subían al auto todavía fueron capaces de escuchar sus gritos.
—¡Peter Ferguson! ¡Te dije que tienes que reunirte hoy en la galería sí o sí! —escandalizaba su prima a viva voz—. ¡Ya llegaron los estudiantes de intercambio del colegio King! ¡No me lo puedes dejar a mí todo! ¡Peteeeeeerrrrr!
Sin embargo sus dos primos mayores derraparon en el auto pasando junto a ella y se escaparon por al menos una hora para tomar un café juntos. Y por supuesto que Peter no iba a desaprovechar la oportunidad para comenzar a comprar los regalos de Navidad para todos los niños del colegio.
—¡No sé cómo puedes conocerlos a todos! —sonrió Mauro pagando de buena gana la mitad de lo que compraban.
—Esos chicos son mi vida —respondió Peter, y recogió otro par de bolsas de las manos de una bonita cajera, que no se ahorró ni la sonrisa ni el guiño coqueto.
—Y eso está muy bien, pero ¿no crees que ya va siendo hora de que expandas los horizontes de tu vida? —lo reconvino Mauro mientras se alejaban—. Quiero decir… hay muchas chicas lindas en Lucerna.
Peter le puso los ojos en blanco y se rio.
—¿Estuviste hablando con mi padre últimamente? —le preguntó—. Porque me imagino que con mi madre no fue. Ella me entiende.
—Todos te entendemos, primo, pero a todos nos gustaría verte feliz de nuevo... ¡con alguien! Nos da igual chica, chico… cabra no por favor…
—¡Mauro!
—¡Tú me entiendes! Queremos más sobrinos, con los trescientos del colegio no nos alcanza —replicó y Peter se encogió de hombros.
—¿Qué quieres que te diga? No estoy interesado.
Mauro se detuvo y respiró hondo porque no sabía cómo decirle aquello sin lastimarlo.
—Ya pasaron muchos años, Peter. Ella habría querido que rehicieras tu vida —murmuró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....