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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 741

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 1. Una deuda peligrosa

Cameron miró atentamente la bolsa que aquel tipo ponía frente a él, pero no cometió el error de tocarla, porque la experiencia ya le había enseñado que cuando se trataban de asuntos entre criminales, era mejor tener sus manitos bien metidas en los bolsillos que sobre un ladrillo de cocaína que podía valer más de un cuarto de millón de francos.

—Necesito que lo entregues en esta dirección —sentenció el dueño del club para el que trabajaba.

—No, gracias —replicó Cameron dándose la vuelta y dirigiéndose hacia la puerta hasta que un grito lo detuvo.

—¡Hey! ¡¿Te ha parecido que te estoy preguntando?! —escupió Kolo, el dueño, con la voz tan cargada de rabia que el tercer hombre en la habitación, otro guardia de seguridad como Cameron, se apresuró a adelantarse.

Sin embargo antes de que pudiera tomar el ladrillo, una mano enorme y segura se cerró sobre su muñeca, impidiéndolo.

—Somos la seguridad de este club, nos pagan por sacar borrachos y cuidar de las chicas, no somos mensajeros para narcos —sentenció Cameron mirando a Kolo a los ojos.

—¡¿Tienes idea del dineral que me debes?! ¡Yo compré tu deuda, la que te ganaste en la cárcel! —escupió el hombre molesto, sacando el arma que tenía en uno de los cajones de su oficina y antes de que pudiera hacer el acto más simple de intimidarlo, Cameron alcanzó el cañón de la pistola y se lo puso él mismo en la frente.

—Cuarenta y siete mil trescientos cincuenta y ocho francos —escupió sin temblar—. ¡Me puedes acomodar un tiro justo aquí, y veremos de qué puta manera recuperas tu dinero! ¡¿Quieres probar?!

Kolo gruñó con impotencia porque había creído que después de una década encerrado el tipo sería más dócil y más dispuesto a ayudar, pero ahora veía que no era así.

—Entrega diez de estos para mí, y consideraré tu deuda saldada —le dijo entonces y Cameron arrugó el ceño, como si de verdad estuviera valorando aquella posibilidad.

Finalmente se echó hacia atrás y asintió.

—Dame un par de días para pensarlo —gruñó—. Voy a devolverte tu dinero sea como sea, solo déjame ver si esta es precisamente la manera en que me conviene hacerlo.

No hizo ni un solo sonido más mientras salía de allí, y Noel, lo más parecido que tenía a un amigo, le tiró de la camisa para llamar su atención porque Cameron le sacaba al menos veinte centímetros de alto.

—¿De verdad lo vas a pensar? —le preguntó y Cameron lo miró como si la única razón para no pegarle era que eran amigos.

—Noel ¿tú crees que Kolo es el tipo de delincuente que va por ahí regalando casi cincuenta mil francos por un par de viajecitos? —lo increpó con impaciencia.

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