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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 746

PRINCESA… DE DÍA. CAPÍTULO 6. La dueña de la correa

Era como buscarle las cosquillas al diablo, Cameron lo sabía, como también estaba seguro de que en el mismo momento en que Jhon Hopkins entrara de nuevo por aquella puerta, ella volvería a ser la dulce e inocente maestra de niños chiquitos que aparentaba ser.

Dandara lo miró como si estuviera dispuesta a arrancarle la cabeza, pero un minuto después toda su expresión se relajó.

—¿Estoy percibiendo un intento de extorsión de su parte, señor Lake? —lo increpó contoneándose delante de él.

—Jamás se atrevería, señorita Princesa. Con el dinero que su padre me paga es más que suficiente para mí, solo me gustaría empezar esta relación profesional sin mentiras. Usted no me miente, yo me callo sus verdades, usted es feliz y yo hago mi trabajo cuidándola. ¿Le parece?

Dandara dio una vuelta alrededor de él y trató de gobernar aquella sonrisa que le subía a los labios. ¡Por supuesto que no le parecía! Pero ella tenía su tiempo y sus métodos para lograr que cada uno de los distinguidos guardaespaldas que su padre le ponía abandonara el trabajo más temprano que tarde, así que no había motivo para desesperarse.

—Muy bien, señor Lake, en ese caso prepare el coche que vamos a salir. A partir de ahora se moverá conmigo a todos lados y recalco “a todos lados”. Sí le avisaron que su servicio es de veinticuatro horas, ¿verdad? —lo increpó levantando aquella ceja desafiante.

—Su padre parece creer que usted está perfectamente a salvo de noche aquí en su casa —sentenció él y se miraron con significativa sinceridad—. Los dos sabemos que se equivoca.

Dandara se encogió de hombros con suavidad y le regaló un puchero.

—El problema es que se lo puedes gritar en todos los idiomas que conoces y jamás te creería —suspiró con fingido dramatismo—. Así que puedes intentar delatarme, hacer berrinche, llorar y patalear y aun así nadie te va a creer. A partir de ahora, si quieres conservar tu trabajo, tu correa está en mis manos.

—Entonces espero que sepa hacer un buen uso de ella, mire que las aficionadas se ven muy patéticas —replicó Cameron, humedeciéndose el labio inferior antes de morderlo pero terminó haciendo un gesto de afirmación—. Entiendo perfectamente, señorita Hopkins. Voy de inmediato por el coche. Con su permiso.

Y por supuesto sabía que la dejaba atrás, medio sorprendida y medio furiosa por aquel comentario. Por supuesto que ya le habían dado desayuno así que Cameron esperó pacientemente por ella, lo que no sabía era que Dandara había dejado aquel salón para ir directo a sacudir a su tío Billy.

—¿¡De dónde salió esto?! —lo interrogó con incredulidad.

—Oye, ya sé que tiene tamaño de mole, cuerpo de mole y carácter de “vete a la mierd@”, pero tampoco le digas “esto”, no hay que cosificarlo ni…

—¡Tío, me refiero a la decisión! —replicó ella—. ¡Ese no es un guardaespaldas convencional!

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