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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 757

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 17. Un ataque inesperado

Cameron esperaba un día tranquilo. Por suerte Dandara había dejado de lado su inminente necesidad de ponerlo a mover sillas y mesas, aunque eso no significara precisamente que no lo usara de cuando en cuando para entretener a los niños.

Resultaba obvio que a él no le molestaba en absoluto hacer de tren, avión, barco o caballo para ninguno de aquellos chiquillos, así que era justo decir que no la estaba pasando precisamente mal.

Sin embargo aunque la muchacha se tomara las cosas con más calma, eso no significaba que no tuvieran actividades que requerían un exceso de energía de parte de los dos, porque si alguien pensaba que llevar a los niños al Museo de Historia no requería ningún esfuerzo, estaban completamente equivocados.

Las salas no estaban demasiado llenas, solo una en especial que traía una nueva exposición de antigüedades, recuperadas bajo no sabían qué pedazo de hielo en una antiguo barcaza, lo cierto era que aquella excursión de repente cambió cuando a Cameron se le ocurrió la brillante idea de decirle a los niños que habían encontrado un tesoro pirata. Y sobra decir que los dos tuvieron que evitarse las miradas asesinas antes de salir corriendo detrás de aquella horda de quince chiquillos entusiastas.

—¡Vuelvo a decírtelo, no sé cómo haces esto! —suspiró Cameron, que después de una hora parecía un pastor ovejero tratando de devolver a los pequeños al rebaño principal.

—Digamos que siempre he tenido cierta ayuda —replicó Dandara con un tono inocente que él no se tragó ni por un solo segundo, y de inmediato el guardaespaldas comprendió que a todos los anteriores los había puesto también de niñeros, la diferencia era que a él no le importaba.

O al menos eso creía, porque mientras todos pensaban que la parte del colegio rodeada de niños era la más tranquila en la vida de Dandara Hopkins, se equivocaba terriblemente. Lo supo cuando estaban en medio de aquel descanso para merendar, repartiendo pequeñas botellas de agua para los niños en uno de los jardines del Museo, y de repente algo en él lo hizo levantarse. No sabía si llamarle sexto sentido, solo estaba seguro de que ya conocía esta sensación que le erizaba completamente la piel, y solo unos segundos después ese mal presentimiento fue confirmado por un disparo.

Los gritos se levantaron a su alrededor de inmediato, y mientras que la gente corría a todos lados tratando de protegerse, las miradas de Cameron y Dandara se cruzaron al instante.

Los dos sabían lo que cualquier guardaespaldas regular iba a decirle en aquel momento: que tenía que protegerla, protegerla a ella específicamente, porque ese era su trabajo; pero él no era un guardaespaldas común y la muchacha solo tuvo que gruñir una pequeña frase para darse cuenta de que estaban completamente de acuerdo.

—¡Los niños son primero, Cameron!

Y él la miró como si estuviera loca solo por insinuarle eso.

—¡¿Y esperabas otra cosa?! —siseó él en voz baja, mientras se agachaba con los brazos abiertos para ir moviendo a los pequeños hacia uno de los rincones más alejados del jardín—. ¿Te parece que alguien en su sano juicio vaya a poner tu trasero, por más lindo que sea, antes que la vida de quince niños? —la increpó.

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