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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 764

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 24. Una comitiva de ayudantes

Por supuesto que era una afrenta mayúscula, la más grande que podía hacerse a un detective que estaba acosando a alguien que creía culpable en una sala de interrogatorios, ¡y por supuesto que Hover quería hacer cualquier cosa en el mundo menos disculparse!, pero por un lado tenía la mirada severa de su capitán, al frente tenía la expresión furiosa del asesor de gobierno y para acabar de rematar tenía la cara completamente dramática de una maestra de primaria.

—Oigan, ¡yo solo estaba haciendo mi trabajo! ¡Y mi trabajo es interrogar a sospechosos y hacerlos caer bajo todo el peso de la ley!

—Bueno, pues teniendo a tres sospechosos previamente identificados ¿no le parece que perdió mucho tiempo interrogando al único que defendió a esos niños? —replicó Dandara sin cortarse ni un pelo y el detective Hober le abrió los ojos desmesuradamente.

—Y se puede saber, ¿quién es usted, señorita?

—¡Claro que sí, Dandara Hopkins! —respondió ella y el detective se llevó una mano al pecho como si estuviera a punto de darle un infarto.

Aquello tenía que ser una maldit@ broma, pero no tenía más remedio que cumplir con las instrucciones que le estaban dando y pedirle disculpas a Cameron Lake, o el señor Schneider se encargaría de dejar su expediente policial más retorcido que serpiente con hambre.

—Muy bien, muy bien —espetó exhalando con impotencia—. Ahora mismo voy a encargarme del papeleo para que el Señor Lake sea liberado, y ya buscaré el momento oportuno para ofrecerle mis disculpas.

Eso pareció dejar bastante conforme a su audiencia, así que salió lo más apresurado que podía mientras Dandara y el señor Schneider estrechaban la mano del capitán de la policía, y le agradecían por toda su ayuda como si de verdad hubiera hecho algo importante.

—¿Ya podemos pasar a verlo? —preguntó Dándara y de inmediato un oficial vino a guiarlos hacia el cuarto de interrogatorios.

Cameron levantó la cabeza en el mismo segundo en que sintió la puerta abrirse, pero solo se incorporó del todo cuando por fin vio asomarse aquel alter ego inocente y dulce de la maestra de niños chiquitos. Intentó contener la sonrisa pero realmente era complicado, porque ella tenía una capacidad especial para saltar entre esas dos personalidades y no podía negar que le encantaba.

Sin embargo, la sonrisa se convirtió en seriedad absoluta cuando se dio cuenta de que ella no venía sola, sino que un hombre alto y perfectamente ataviado con un elegante traje venía detrás de ella.

—¿Estás bien? —fueron sus únicas palabras mientras lo miraba a los ojos y Cameron asintió, pero apenas intentó levantarse, las pequeñas cadenas de las esposas le obligaron a inclinarse de nuevo, y no pudo evitar exhalar aquel gruñido de dolor.

—¡Demonios, ¿qué fue lo primero que dije?! —espetó Schneider mirando a todos lados con una viva expresión de reproche—. ¡Que le quiten las condenadas esposas de una vez! ¡Y traigan un médico ahora mismo! ¡Ahora, dije, ¿a qué están esperando?!

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