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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 779

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 49. La verdad

Por supuesto que Janick y Cameron no entendían de qué estaba hablando, pero la muchacha fue muy clara cuando alcanzó el expediente médico que estaba colgado en la tablilla al pie de su cama y se lo mostró a los padres del más pequeño de los hermanos Lake.

—Usted es su tutora en los asuntos físicos, y solo en caso de que él no pueda tomar las decisiones por sí mismo, pero nada más —sentenció—. Gobernar su vida es algo muy diferente.

—¡Pues gobernar su vida es lo que nos corresponde, porque no somos solo sus tutores en ese papel, también lo somos frente al Estado! ¡Y bajo ninguna circunstancia vamos a dejar que se ande relacionando de nuevo con...!

Había veneno en la boca de aquella mujer, un veneno terrible, pero no se atrevió a soltarlo porque Dandara se paró frente a ella como si estuviera dispuesta a darle las dos bofetadas que le hacía falta.

—Déjame serle claroaen esto señora, de ese asunto me voy a ocupar después porque ya me vengo imaginando exactamente cuál es la insistencia con ser tutora de su hijo, pero ahora mismo, al menos en el aspecto médico, Janick tiene que estar internado en un hospital, si lo saca de aquí, ¿quiere decirme exactamente a cuál va a llevarlo? —declaró con determinación y la mujer se puso roja de la rabia.

—¡Pues al mismo que estaba! ¡Allá donde lo teníamos estaba bien, estaba internado y...!

—¿Y quién va a pagar la factura de aquel hospital? —la increpó Dandara con sorna—. ¿Me va a decir que el hijo que ha estado muerto los últimos diez años, y de quien se han aprovechado hasta el límite, el mismo al que no quieren dejar ver a Janick, es el que va a tener que pagar la factura del otro hospital? —Sus ojos se giraron hacia el padre de los muchachos y levantó una ceja condescendiente mirándolo de arriba abajo—. ¿O va a hacer como la última vez, que le entregó la factura y le dijo: “Ya verás tú de dónde lo sacas”?

El hombre hizo un gesto furioso en su dirección, pero bastó solo que Cameron viera en sus ojos aquella mala intención para que se pusiera en medio y tirara de Dandara hasta ponerla detrás de su cuerpo.

—¡Que ni se te ocurra! ¡Bastante daño están haciendo ya ustedes dos! —siseó con rabia, defendiéndose por primera vez en una década.

—¡Pues si tú no quieres pagar la factura nos los llevamos a la casa! —escupió su madre levantando la barbilla con un gesto arrogante.

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