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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 783

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 53. Tres meses

No había mucho más que decir. Esa era la verdad más absoluta, y mientras John Hopkins se retiraba lo más educadamente que podía, él se quedó allí, sentado frente a esa barra, con esa botella y ese vaso, sabiendo que el hombre que acababa de irse tenía toda la razón.

Lo entendía. Lo peor de todo era que Cameron lo entendía. ¿A qué padre en su sano juicio le hubiera gustado que su hija se enredara de cualquier manera con un ex presidiario? Tenerlo de empleado era una cosa, tenerlo de pareja de su hija era algo muy diferente.

Cameron se levantó de allí con un gruñido de dolor porque el calmante que le habían puesto ya se le estaba pasando, y aquella maldit@ costilla rota estaba empezando a dolerle como nunca. Así que se dio un baño lo mejor que pudo, y cuando limpió el espejo del vapor de la ducha, supo que ese pensamiento jamás se había apartado de él.

—Siempre hemos sabido que no somos para ella —le dijo a su reflejo. Por eso mismo se había resistido tanto—. No importa lo que sea de noche, de día sigue siendo una princesa... y nosotros nunca llegamos a ser nada.

Y por desgracia eso era cierto, porque el hombre que algún día había soñado con ser había desaparecido en el mismo instante en que había entrado a la cárcel.

Sobra decir que no pudo descansar ni un poco, solo dio vueltas en la cama y soportó el dolor porque era la única forma de mantenerse alerta. Solo se levantó de allí al mediodía, cuando sintió aquellos toques suaves en la puerta y abrió para ver a Dandara ya arreglada y lista.

La muchacha cerró la puerta detrás de ella y se puso de puntillas, tirando de su playera para darle un beso corto pero intenso en los labios.

—Vamos, arréglate, tenemos que salir —le dijo apresurada—. Tenemos que ir al hospital a ver a Janick.

—¿Le pasó algo? —preguntó Cameron, asustado.

—No, nada. Pero apenas amaneció llamé al abogado que te comenté, y me dijo que se reuniría con nosotros en el hospital en una hora. Al parecer, todo lo que averiguó debe saberlo tu hermano también.

Cameron asintió con inquietud y fue a vestirse de inmediato, sin poder evitar que su corazón se acelerara mientras veía a Dandara apoyada y sonriente en la puerta de la habitación, como si le diera gusto aquel proceso de verlo un poco desnudo.

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