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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 791

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 61. Un reencuentro inesperado

Aclaremos lo primero y lo más importante: Cameron era, por suerte o por desgracia, un hombre de palabra, así que en aquellos cinco años no había vuelto a tener ningún contacto con Dandara.

Eso no significaba que no la extrañara hasta el infinito, ni que no pensara en ella cada día; simplemente, significaba que respetaba la palabra que le había dado a John Hopkins, y que había dado lo mejor de sí para ser un hombre que se la mereciera, no solo a ella, sino a cualquier buena mujer.

Sin embargo, pasear alrededor del distrito industrial solo le provocaba una extraña ansiedad, porque no podía evitar que todos aquellos recuerdos de Dandara se agolparan en su mente. Sabía que tenía que buscarla, que no podía irse de aquel lugar sin verla o hablarle, pero, aunque lo deseaba con todo su ser, de momento lo único que podía hacer era cumplir con las instrucciones que le había dado su nuevo jefe. Así que regresó a toda prisa al hotel y se arregló para la velada.

En cierto punto, no pudo evitar sonreír frente al espejo. Jamás en su vida había imaginado que se pondría un traje y una corbata, y que le quedarían bien. El arquitecto recién graduado con honores estaba, sin duda, muy lejos ya del hombre que había pasado diez años en la cárcel y cuya única habilidad parecía ser la de patear borrachos fuera de un club.

Ahora se sentía perfectamente cómodo en un traje elegante y, por suerte, ganaba lo suficiente como para permitírselo. Así que se sumó a la velada de esa noche y compartió el entusiasmo y el nerviosismo de su jefe y de sus compañeros… hasta que aquellos anfitriones cruzaron las puertas, porque estaba bastante seguro de que ninguno de ellos era el señor Ferguson, quienquiera que fuese.

Las dos primeras personas que atravesaron la puerta del salón de eventos eran casi idénticas, pero a Cameron no le fue difícil identificar a Chiara Keller como una de ellas. El corazón se le puso en la garganta en un solo segundo, porque detrás venía la mitad de la familia Keller, algunos de los cuales había conocido en el tiempo en que había estado con Dandara y a otros que solo había visto en fotografías.

Y, por supuesto, entre ellos venía John Hopkins.

—Señora Keller, señor Ferguson —saludó su jefe, estrechando las manos de Noemí y Levi, porque evidentemente Peter no estaba en condiciones de participar en ningún evento social, así que su familia había decidido echar a andar aquel proyecto que se había diseñado en memoria de su esposa fallecida, Kim Russell.

—Señor Mueslik —saludaron los aludidos con tono afable—. Es un placer tenerlos a todos reunidos aquí.

—Para nosotros también lo es —apuntó él—. Pero permítanme presentarles a Cameron Lake, arquitecto a cargo de las últimas remodelaciones del colegio King; será nuestro asesor en todo este trabajo.

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