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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 802

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 72. Las cosas claras

Temblaba como una hoja de arce, en pleno otoño y a punto de caerse, pero aquello no tenía nada que ver con el miedo, sino con la rabia y la impotencia.

Su cuerpo vibraba contra él, su boca lo recibía, y ese noventa por ciento de ella que solo quería pegarle en las pelotas por atreverse a usarla estaba absolutamente dormido, aturdido, inútil.

Todo lo que quedaba después de cinco años de separación parecía ser aquella parte que simplemente se rendía con él, que había estado como dormida, aletargada, esperándolo.

Y si la madurez y la cordura dictaban que saliera de sus brazos, levantara la barbilla como la mujer segura y fuerte que siempre había sido, y le dijera educadamente que no tenía ningún derecho a besarla de aquella manera y que no se lo iba a permitir...

Bueno...

La parte más inmadura de ella enredó las manos detrás de su cuello, mientras sus dedos se perdían en el cabello de su nuca y sus labios se abrían para él, suaves y ansiosos... hasta que el resto de su cuerpo también se movió para él… específicamente su rodilla contra esa entrepierna que ni de lejos estaba esperando el ataque.

—¡Joder! —gruñó Cameron doblándose sobre sí mismo, porque el dolor era insoportable, y aun así sabía que se lo merecía.

Ella dio un paso a un costado para salir de aquella prisión entre su cuerpo y la pared, y dio una vuelta a su alrededor, observándolo como si fuera una leona que evaluara a su presa y se preguntara si siquiera valía la pena el esfuerzo. Y al final de todo pareció decidir que no lo valía.

—Vamos a aclarar las cosas como seres humanos adultos, porque me parece que tú ya estás demasiado pasadito de edad como para hacer estas escenas —sentenció con firmeza mientras lo miraba a los ojos—. Antes de que tú llegaras a mi vida, yo ya corría en estas pistas. Antes de que tú aparecieras, yo ya era Dandara Hopkins, y después de que tú te fuiste seguí siendo exactamente la misma, y seguí corriendo de la misma forma. Simplemente he aprendido más, he evolucionado un poquito, eso es todo.

—¡Te estás poniendo en peligro! —gruñó Cameron entre dientes, porque de verdad el dolor no le permitía hacer una larga y coherente oración.

—Todos estamos en peligro de alguna manera, siempre. Cualquier persona inteligente sabe eso. ¿O me vas a decir que no fue precisamente por eso que te fuiste? ¿Para no ponerme en peligro?

Cameron frunció el ceño, porque evidentemente algún tipo de conversación sobre el asunto tenía que haberse dado entre Dandara y su padre para que ella le estuviera diciendo eso.

—Me fui porque tenía que hacerlo, me fui porque...

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