PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 76. Una buena persona
Cameron deseaba que la tierra se lo tragara. Quería que alguien, por favor, le pusiera una maldit@ máquina del tiempo enfrente para volver atrás y golpearse con algo durante todo el camino de regreso.
No había mentido: siempre había creído que Dandara era capaz de superar cualquier cosa. Y Dios sabía que aquellos cinco años le habían costado demasiada nostalgia y añoranza, pero era obvio que había subestimado terriblemente los sentimientos que Dandara había tenido por él. Cameron no pudo evitar pensar que quizás eso era lo que significaba Leon Rothschild después de todo: una persona que no podía lastimarla.
Ninguno de los dos dijo una sola palabra más mientras volvían a la oficina. Ella recogió sus cosas en absoluto silencio antes de marcharse a casa, porque, empapada de lluvia como estaba, lo más probable era que se enfermara.
Así que se alejó. Hizo lo más sano que podía y se alejó, mientras detrás de ella Cameron intentaba que todo el remordimiento que sentía en ese instante no lo destruyera.
Caminó por la oficina como un león enjaulado, pero sabía que no había forma de descargar aquella frustración y aquella impotencia que sentía a menos que fuera ensuciándose las manos. Así que, ¿qué mejor que canalizar todo aquello enfrentando una situación muy diferente?
Se acercó a la oficina del jefe de arquitectos sin siquiera pedir permiso para entrar. Cerró la puerta tras él de un portazo, y Mueslik se levantó con los ojos llenos de incredulidad, viéndolo irrumpir empapado y furioso.
—Cameron, ¿qué está pasando? ¿Está bien la señorita Hopkins? —preguntó de inmediato, y Cameron hizo una mueca.
—Por ahora lo está, con énfasis en “por ahora”, porque no va a sentirse precisamente bien cuando se entere de que estás tratando de robarle a ella y a su familia en un proyecto que, además, es personal y extremadamente importante para ellos.
Mueslik retrocedió con una expresión que oscilaba entre la sorpresa y la consternación, como si no pudiera creer lo que estaba oyendo, pero la indignación le duró demasiado poco para ser sincera.
—¿Cómo te atreves siquiera a insinuar eso? —espetó entre dientes. Sin embargo, Cameron fue perfectamente capaz de distinguir aquel gesto con el que miraba alrededor, como si temiera que alguien más escuchara lo que estaba diciendo.
—¿Creíste que no me iba a dar cuenta? ¿Que no me percataría de lo que estás haciendo con los planos? —espetó Cameron con rabia, acercándose a él—. Cualquier arquitecto, aunque sea novato, sabe muy bien la basura que pretendes hacer. Me imagino que si tus subordinados no han dicho absolutamente nada, debe ser porque son demasiado jóvenes y los tienes presionados, o porque piensas repartirte con ellos el dinero que pretendes robarle a la familia Keller.
—¡Cállate! —gritó Mueslik—. ¡Cállate, no sabes de lo que estás hablando! Mis arquitectos asociados no han dicho absolutamente nada porque no han visto nada malo en los proyectos, ¡y cada uno de ellos tiene mucha más experiencia que tú!
—¿Y tienen más experiencia que mi jefe? —gruñó Cameron con tono desafiante.
Si algo había aprendido en su vida, era a lidiar con gente que trataba de menospreciarlo. Lo bueno era que también había aprendido a convivir con ellos y a ponerlos en su sitio, y el hecho de que él fuera un arquitecto recién graduado no lo hacía ni mucho menos estúpido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....