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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 809

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 79. Tú eliges

Algo en ella se sentía extremadamente tranquilo, y no era por el equipo de hombres altamente entrenados que tenía detrás, sino porque, pasara lo que pasara, ya no tenía que esconder de nadie quién era o lo que era capaz de hacer.

Cuatro camionetas se detuvieron frente a aquella casa, una que, al parecer, esos pequeños intentos de mafiosos creían que nadie podría descubrir. Y en el mismo instante en que dos de ellos intentaron salirle al paso a la chica vestida de cuero, con botas de suela baja y mirada desafiante, lo primero con lo que se encontraron fue con una pistola Desert Eagle apuntando al estómago de uno de ellos.

—Si tienes media neurona, sabes perfectamente que no vas a sobrevivir a un disparo de esto —gruñó Dandara—. ¿Qué tal si me abres la maldit@ puerta con toda la educación de un caballero y mandas a que llamen a tu jefe? Necesito hablarle.

Vio al tipo boquear asustado, porque nadie tenía que advertirle dos veces que aquella mujer era capaz, muy capaz, y retrocedió un poco tembloroso, abriendo la puerta detrás de él mientras el otro hacía un estúpido intento por escapar.

—¡Ni se te ocurra! —escupió Billy, alcanzándolo por el cuello de la chaqueta y empujándolo hacia el interior de la casa.

Pasaron unos pocos segundos para que cada hombre allí se levantara sobresaltado, intentando alcanzar sus armas para apuntarles. Pero, si bien lo que Dandara llevaba era una pistola, la docena de hombres que iba tras ella llevaba equipamiento mucho más... pesado.

—¿Esto qué demonios significa? —gruñó un hombre mirando alrededor mientras salía de una de las habitaciones, y la mirada de Dandara se volvió hacia él con un gesto interrogante.

—¿Tú eres el jefe aquí?

—¡Depende de quién pregunte! —escupió el hombre, mirándola de arriba abajo.

De repente, una sonrisa displicente se dibujó en su cara, una que definitivamente no debió haber esbozado, porque Dandara se molestó lo justo como para agarrar aquella barba de vikingo que creía tener, y que al parecer debía enorgullecerlo, y tirar de ella hacia abajo con fuerza suficiente como para que sintiera el dolor del cañón de la Desert Eagle bajo su barbilla.

—Me tiene sin cuidado que seas una escoria del bajo mundo —gruñó, mirándolo a los ojos mientras las armas se levantaban desde todos lados—. Cuando una dama te habla, tú te haces a la put@ idea de que eres un caballero y respondes como tal. Y si por esa estúpida cabeza tuya está pasando dar la orden de disparar, al menos usa primero tus ojos para darte cuenta de que yo traigo muchísimo más poder de fuego del que jamás logrará conseguir esta guardería de futuros convictos que tienes aquí.

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