Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 812

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 82. Interpretación de señales

Sin embargo, por más que se lo repetía, algo dentro de ella sabía que nada estaría bien de nuevo, porque ver a Cameron allí, en el suelo, luchando por algo tan simple como respirar, sacaba sin duda alguna a la peor versión de sí misma. Lo único que lamentaba era no poder revivir al cabrón de Mueslik para matarlo de nuevo.

—Mírame, Cameron, mírame... —le pidió, porque era evidente que lo habían golpeado demasiado.

Trató de despejarle el rostro, apartando el cabello, y luego alcanzó apresurada el celular que llevaba en uno de los bolsillos.

—Papá, ¿estás esperando una invitación? —preguntó, justo cuando la única puerta de aquel lugar se vino abajo de un estratégico puntapié.

—Claro que no, princesa. ¡Aquí está papá! ¿Qué hace falta...? ¿Aquí no hay que ma...? ¡Joder! —gruñó entre dientes al ver el rostro ensangrentado de Cameron, y ni siquiera tuvo que llamar a Billy.

Entre los dos lo desataron y lo levantaron, cada uno pasándole un brazo bajo los hombros. Lo llevaron a la camioneta y lo echaron en el asiento trasero en unos pocos segundos, justo lo que le tomó a Dandara volver a ponerse al volante.

—Dandara... —murmuró él apenas, y ella pisó el acelerador sin dudarlo.

—Todo va a estar bien. Solo voy a llevarte al hospital, ¿de acuerdo? Solo eso.

Cameron ni siquiera tenía fuerzas para protestar. Lo que realmente quería decirle era que lamentaba mucho que ella hubiera tenido que matar a un hombre por su causa, pero muy pronto sus ojos se cerraron; y justo en el momento en que dejó de responderle, Dandara golpeó el tablero de la camioneta, como si quisiera destrozarlo también.

No le tomó más de cinco minutos llegar al hospital de la familia; y allí nadie hizo la más mínima pregunta mientras lo subían a una camilla y lo llevaban a urgencias.

Tampoco pasó demasiado tiempo antes de que su padre se le uniera. Por suerte, él se había encargado de llamar a su madre y de tranquilizar a la familia de Cameron, mientras Dandara estaba a punto de enseñarle la Desert Eagle a cualquier médico para que le dieran una respuesta sobre la condición del paciente.

—Tranquila, está vivo —suspiró John, y Dandara apretó los puños mientras negaba con la cabeza.

—¡Está vivo por poco! —gruñó con impotencia—. ¡Y te aseguro que el médico va a salir por esa puerta y va a decir que tiene algunas costillas rotas, un hombro dislocado, que con suerte no lo meterán al quirófano, que le jodieron la espalda a patadas y que en los próximos dos meses no va a poder mover ni una pestaña solo!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD