PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 83. Una demanda laboral
Por desgracia, Dandara no podía sacarle la lengua ni enseñarle el puño, porque, para empezar, era su padre y, para continuar, ella ya no tenía cinco años. Sin embargo, nada de eso cambiaba el hecho de que quisiera hacerlo.
Sabía que no tenía derecho a protestar, pero el problema era que le resultaba demasiado difícil.
—Será mejor que vaya a verlo. Porque una cosa no tiene nada que ver con la otra, papá, y esto no tiene nada que ver con lo que estás diciendo —lo rezongó antes de darse la vuelta y marcharse detrás del médico para pedirle que la dejara ver a Cameron.
—Claro, y el sol no sale por el este ni se esconde por el oeste —suspiró John, tratando de aguantarse la risa, y luego se giró hacia su mejor amigo—. Billy, vamos a tener que hacer una pequeña intervención especial con respecto a...
—¡Sí, sí, ya sé! —replicó Billy, soplando uno de los mechones blancos de su cabello que le caían sobre la frente. Parecía mentira que ya fueran un par de hombres adultos, maduros y sexys, pero John todavía se comportara como un adolescente—. Voy a ver qué más le puedo descomponer al señorito prometido.
Mientras tanto, Dandara entró en la pequeña habitación donde tenían a Cameron y apretó los labios porque era evidente que tardaría varios días en recuperarse por completo. La mataba verlo así, porque ninguno de los tarados que se lo habían llevado se había medido ni un poquito a la hora de golpearlo.
—Maldición, muñeco. Debí haber llegado mucho antes —susurró, alcanzando su mano y acariciándola despacio.
Solo un instante después lo vio abrir los ojos y enfocarlos en ella con una mueca de disculpa.
—¿Estás bien? —la interrogó, y Dandara se llevó dos dedos al puente de la nariz, porque absolutamente cada palabra suya seguía derritiéndole algo por dentro.
—¡Maldito idiota! ¿En serio estás preguntándome si yo estoy bien? —protestó, mientras ese corazón que se había jurado que nadie más iba a lastimar en su vida aleteaba como un pichón desesperado.
—Créeme que lo último que hubiera querido era que tuvieras que matar a alguien por mi culpa —respondió Cameron con tono cansado, porque era demasiado evidente que le costaba respirar y, más aún, hablar.
—Ni siquiera pienses en eso. Hice lo que tenía que hacer, y volvería a hacerlo de nuevo —declaró ella con firmeza, pero luego hizo una mueca de negación—. No. ¿Sabes qué? Si tuviera que hacerlo de nuevo, le dispararía al cabrón de Mueslik en una rodilla y luego lo metería al maldito horno, ¡vivo todavía! —espetó con impotencia—. No puedo creer que ese imbécil se haya atrevido a atacarte, y no sabes la rabia que traigo porque siento que todo esto fue mi culpa.
Los dedos de Cameron se cerraron alrededor de los suyos, dándole el apretón más fuerte que podía.
—Claro que no, Dandara. ¿Cómo se te ocurre que va a ser tu culpa? Yo solo quería enfrentar al tipo, le pedí que renunciara, nada más. ¿Quién se iba a imaginar que no era un ladrón cobarde?
—Pues yo debí ser capaz de saber... de identificar que tenía una serpiente entre mis empleados... Así que todo esto es mi responsabilidad. Yo debí ir contigo a hablar con Mueslik. Él hizo todo lo que hizo porque creyó que eras el único que lo sabía, que nadie iba a preocuparse si tú desaparecías...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....