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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 814

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 84. Una mujer inteligente

No era mentira, el buen juicio se había ido al demonio y más allá, pero cada vez que Dandara lo miraba, no podía ver a un hombre en una cama de hospital. No podía ver a un arquitecto al que habían golpeado. No podía ver a un viejo amigo que estaba lastimado.

Lo único que lograba ver eran esos cinco minutos en los que podía haber llegado tarde. Lo único en lo que podía pensar era en que habría podido darle la vuelta a aquel cuerpo y sentir que no estaba respirando, que ya estaba muerto, que no había llegado a tiempo.

Cada vez que Dandara lo miraba, con los ojos cerrados y aquella mueca momentánea de dolor, solo podía revivir todo el miedo que había pasado esa noche; solo podía imaginar lo que habría sentido sabiendo que Cameron no volvería a despertar.

Así que, por un lado, era incapaz de aceptar que lo quería a pesar de que él le había roto el corazón, pero, por desgracia, eso no significaba que pudiera evitar sentirlo.

—¡Si es que lo voy a atropellar con la camioneta cuando se recupere! —gruñó para sí misma porque ya no sabía ni qué hacer.

Sin embargo, antes de que la última palabra hubiera desaparecido de sus labios, su padre empujó la puerta, y Cameron abrió los ojos, porque al parecer no estaba realmente dormido.

—¿Qué tal está el paciente? ¿Todo bien por aquí? ¿Te puedo ayudar en algo? —le preguntó John, y Cameron le respondió con una sonrisa suave.

—Señor Hopkins, qué gusto verlo... Justo estaba pensando que necesito su ayuda.

—¿En serio? —preguntaron padre e hija al unísono.

—Sí, señor Hopkins, verá... Es que necesito un abogado de derechos laborales...

—¿¡El qué!? —se escandalizó Dandara.

—Porque pienso demandar a su hija...

—¿¡Cómo...!? —exclamó ella.

—Porque me dijo que iba a cuidar de mí, ya que no me puedo valer por mí mismo y solito, pero creo que se está arrepintiendo —terminó Cameron, y ella le dedicó una mirada asesina.

—No he dicho que no te voy a cuidar —protestó.

—¡Te acabo de escuchar decir que querías atropellarme con tu camioneta! —la acusó Cameron, y John entrecerró los ojos, mirando a su hija.

—¡Es que tú también! —la regañó, pero finalmente se metió una mano en el bolsillo y puso una llave en las manos de Dandara.

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