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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 815

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 85. Dos en la niebla

Era absurdamente insoportable; el frío les acariciaba la piel, pero el verdadero calor que estallaba entre ellos era más intenso, una mezcla de nerviosismo y emoción que hacía vibrar el aire. Dandara odiaba esos ojos fijos en los suyos, como si intentara leer las palabras que sabía muy bien que ella no pronunciaría.

—¡Eres un idiota engreído! —masculló, mientras sentía cómo aquel abrazo se hacía más apretado, provocándole esa sensación de que el tiempo se detuviera.

Los brazos de Cameron rodearon a Dandara con una familiaridad que le despertó un torbellino de sensaciones. La cercanía de su cuerpo, el calor de su piel, eran como un maldito campo magnético que hacía que Dandara apenas pudiera controlar las chispas que parecían saltar entre ellos. Cada respiración estaba cargada de la esencia de Cameron, y en cierto punto solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar.

—No puedes haber olvidado esto —dijo él en un susurro, mientras su aliento le acariciaba suavemente alrededor de la boca.

—Mi foto al lado de tu cama dice que tú tampoco —replicó ella con un jadeo que hizo que Cameron se estremeciera involuntariamente.

—Lo sé, el problema es que, de los dos, yo soy el único que no lo está negando. —Sus dedos sujetaron la barbilla desafiante de Dandara y la subió hasta él, obligándola a mirarlo a los ojos—. Por favor... Lo lamento. Dandara, lo siento. Tienes razón en todo. Yo me fui. Me fui porque de verdad sentía que no era suficiente para ti, que merecías algo mejor... y me equivoqué. Me equivoqué rotundamente porque no hay nadie mejor para ti que yo.

—Esa es mucha confianza, señor Lake. ¿Exactamente cuándo la adquirió? —gruñó ella con impotencia.

—Ayer, hoy... no importa —respondió él—. La adquirí cuando me di cuenta de que nadie va a poder quererte más que yo.

—Cameron, por favor...

—Sabes que es verdad. Tienes que saberlo. —Él susurró contra su boca, y Dandara sintió que perdía el aliento en un solo instante—. Tienes que saber que nadie va a quererte más que yo, que nadie puede desearte más que yo, que nadie haría lo que fuera por hacerte feliz más que yo... Aunque me haya tardado, aunque me haya equivocado... Aunque haya hecho las estupideces que haya hecho, ¡yo te amo! ¡Escúchame, te amo! —sentenció, sujetando su rostro para acercarlo al suyo—. Te amo con todo y mal genio, con toda tu locura. Te amo con desesperación, te amo a pesar de todas las estupideces que hemos hecho. Te amo... Y no puedes decirme que no me quieres porque te vi esa noche... Cuando Mueslik me tenía, vi esa expresión en tu cara, vi... Vi que me quieres, ¡que tú también me quieres...!

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