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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 817

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 86. ¡Lo hiciste muy mal!

Cameron sonreía como un niño feliz. De verdad no podía evitarlo. Tener a Dandara a su lado de nuevo era como si le hubieran dado permiso para respirar otra vez.

La semana que siguió fue una especie de burbuja para él, una en la que ninguno de los dos hablaba absolutamente nada sobre el mundo exterior, sobre su familia, o sobre aquel compromiso; pero aunque ninguno de los dos lo mencionara, era obvio que el tema pesaba en el ambiente.

De lo único que Cameron estaba absolutamente seguro era de que, pasara lo que pasara, iba a pelear por ella; y lo que sin dudas no esperaba ninguno de los dos era que aquel toque en la puerta, que normalmente significaba la llegada de una pizza o algún otro pedido de comida, se convirtiera en algo muy distinto en el momento en que Cameron la abrió.

“Maldit@ sea, debí usar la mirilla”, fue su primer pensamiento en el mismo instante en que vio a Leon Rothschild de pie en el umbral de su puerta.

No tenía nada que decirle. La verdad era que Cameron no podía esbozar ni la primera justificación, porque sabía perfectamente que lo que habían hecho era una traición. Sin embargo, a pesar de lo complicada que era la situación, tenía que ser lo suficientemente hombre como para hacerse responsable.

—Lamento que te enteraras así —murmuró porque era más que obvio que si estaba allí, era porque estaba al tanto de lo que sucedía entre ellos; y vio el rostro del hombre frente a él transformarse en una mueca llena de rabia.

—¿Tienes la más mínima idea de cómo carajos me enteré? —espetó León—. Lo único que me interesa saber es ¿dónde demonios está mi prometida?

Y antes de que Cameron pudiera decir algo o dar lugar a cualquier enfrentamiento, sintió la mano de Dandara sobre su antebrazo, deteniéndolo.

—Esto es cosa mía —sentenció ella con un suspiro lleno de determinación—. Esto es entre Leon y yo.

—Pero no voy a dejar que...

—¿Que se vaya conmigo? —gruñó Leon, acercándose con gesto amenazante. Sin embargo, se detuvo en el mismo instante en que la mano abierta de la muchacha tocó su pecho, frenándolo.

—Vámonos. Tú y yo tenemos que hablar —sentenció ella, y su tono era tan tajante que ninguno de los dos hombres se atrevió a decir ni una sola palabra más.

Cameron apretó los puños cuando la vio salir de allí, pero por desgracia no tenía ningún derecho a retenerla. Sabía que Dandara siempre se hacía cargo de sus propios asuntos.

Y en efecto, ella sabía absolutamente todo lo que pesaba sobre la decisión que había tomado, pero también sabía que no había vuelta atrás.

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