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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 820

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 89. Una amiga

—A ver, a ver, el padre de la novia soy yo y por tanto… —empezó a protestar Jhon, pero un segundo después el lord, conde o lo que fuera ponía un dedo acusador delante de su cara.

—Ni se le ocurra, señor Hopkins. Ya la boda por todo lo alto la paga usted y a la novia la entrega usted con todo la pompa y la parafernalia que quiera, pero en esta a Dandara la entrego yo, ¡que para eso me está dejando plantado la mujer! —siseó y a nadie se le ocurrió discutírselo porque difícilmente había hombres con tan buena voluntad como Leon Rostchild, aunque de momento ninguno lograra entender qué tipo de relación rara se traía con Dandara.

Así que le ofreció su brazo a la emocionada novia y caminó dos pasos con ella en dirección a Cameron con una sonrisa llena de sinceridad. La entregó con tanta formalidad como si hubiera sido su mismísimo padre y por supuesto no pudo faltar la advertencia para Cameron de no echarlo a perder.

Aquella solo era la boda civil, así que con los documentos ya listos, el procedimiento fue muy rápido y solo quince minutos después Cameron levantaba a Dandara por la cintura y la besaba en los labios, sellando el hermoso hecho de que ya era suya.

—Casi casi te sale el tiro por la culata —le advirtió Chiara en el oído a Jhon y este suspiró con una expresión que era en parte aliviada y en parte asustada.

—Pues yo ya di el cien por ciento con esta, amor. La primera ya está con el amor de su vida, ¡ahora de los otros dos te encargas tú por favor! —susurró Jhon porque la verdad era que para sustos, los justos.

Sin embargo estaban a punto de salir de aquel juzgado cuando Dandara se giró hacia Leon.

—Oye… ¿de verdad vas a estar bien? —le preguntó.

—Claro que sí. Llevo mucho tiempo evadiendo esta responsabilidad. Y la verdad es que hubiera preferido hacerlo con una amiga pero si no se puede… —respondió él.

—¿Con una amiga? ¿A qué se refiere? —preguntó Cameron y la familia alrededor prestó atención porque hay que reconocerlos, a chismosos no les ganaba nadie.

—Leon tiene que casarse para obtener el título de su familia. No es que le haga falta, pero su padre no está en el mejor estado de salud —le explicó Dandara.

—Aquí tu nueva esposa y yo teníamos un amistoso trato en el que ella iba a apoyarme, hasta que se le ocurrió derretirse otra vez por el gran amor de su vida —rezongó Leon como un niño enfurruñado—. ¿Y ahora de dónde demonios voy a sacar una mujer para casarme?

—Bueno…

—Una que no me dé problemas, que no esté detrás de mi dinero ni intente desplumarme en un divorcio —advirtió Leon—. ¡Y sobre todo que sea amable y dulce… no como Dandara, porque esa seguro que me llevaba a punta de escobazos pero…!

—Bueno…

Pero nadie, absolutamente nadie escuchó aquella vocecita porque la verdad era que Mariel rara vez alzaba la voz más allá de un susurro y casi nunca daba su opinión.

—Este… disculpen…

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