PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 11. La respuesta a todo
Van Beek era un hombre inteligente, capaz de captar la indirecta y mucho más, aunque junto a Niko la muchacha pareciera absurdamente desentendida de lo que su jefe acababa de inferir, al punto de que ni siquiera se había sonrojado. Esa era mucha inocencia o una actuación excelente, y en cualquiera de los dos casos le gustaba.
—Bueno… espero que la señorita Favre pueda tener al menos un día en este viaje, sería muy descortés de su jefe no permitirle que conociera Ámsterdam —dijo el hombre y Niko atornilló la sonrisa.
—No se preocupe, de hecho, como empieza el fin de semana, no es bueno que hablemos de trabajo. Vamos a tomarnos estos días para revisar el nuevo contrato y el lunes podemos firmarlo. ¿Le parece?
Aquel tono no estaba muy abierto a discusiones, así que a Van Beek no le quedó más remedio que aceptar de mala gana mientras Niko hacía que Gigi se despidiera.
Iba de mal humor, iba un poco frustrado y otro poco incómodo, y por supuesto que lo quisiera o no, la causa de todo su estado de ánimo era la chiquilla, y ella no eran despistada como para no notarlo, así que apenas atravesaron las puertas de la suite se giró juntando las manos.
—¡Lo siento mucho señor Keller, de verdad lo siento! ¡Yo trato de no ser torpe, pero es algo que no está en mí! ¡Es como si… como si hubiera una mano invisible pegada a las mías tirando cosas…! Como los caracoles… yo de verdad no quería.
—¡Maldición, Gigi, lo único que lamento es que no hayas apuntado el maldito caracol más abajo para que Van Beek se atragantara con él! —replicó Niko perdiendo la paciencia.
—¡¿Eh…?!
—¡Lo que me estresa es tener que preocuparme por ti a cada minuto porque si fueras muda te expresarías más! —reclamó mientras ella se sobresaltaba un poco—. ¡Se dice: yo no bebo!
Gigi hizo un puchero y él acabó de desesperarse más porque era evidente que ella no había captado para nada toda la tensión en aquel ambiente.
—¡Demonios, mujer, no puedo hacer negocios mientras tengo la preocupación de cuidarte a cada segundo! ¡Tienes que decir las cosas por ti misma, plantarte por ti misma, defenderte! —exclamó él acercándose y mirándola a los ojos—. ¡A ver di: Yo no bebo!
—Pero si yo lo dije…
—¡Pues dilo con más actitud o aprende a beber! ¡Yo no bebo! —exclamó él alcanzando una copa y llenándola con champaña de la nevera antes de ponerla frente a ella, ofreciéndosela.
—Yo no bebo —murmuró la muchacha.
—¡Igual, pero por más actitud! ¡A ver, repite!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....