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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 839

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 16: Entre tentaciones

Niko no podía dormir. El desastre de hacía algunas horas, aunque algo cómico en retrospectiva, lo había dejado más agitado de lo que le habría gustado admitir. Intentaba no pensar en Gigi, pero su mente no dejaba de regresar a la imagen de ella levantándose el vestido, mostrándole ese negligé negro que, para ser sincero, lo había dejado sin aire.

Tampoco era algo descarado, no era como si solo la hubiera visto en bragas y brasier, de hecho le tapaba bastante… pero tapaba mucho o poco el efecto era el mismo. Ahor Niko entendía sus propias palabras: no era la ropa, era ella.

Después de dar vueltas durante lo que parecieron horas en la cama, finalmente se empeñó en dormir, pero no había pasado mucho tiempo antes de que algo lo despertara. Sintió un peso en la cama junto a él… error: sobre él, y aún aturdido abrió los ojos lentamente.

—¿Pero qué…? —Y la palabra inapropiada se le ahogó en la garganta cuando la vio allí. Gigi estaba allí, con medio cuerpo sobre el suyo, con la luz tenue de la madrugada iluminando suavemente su figura—. ¿Gigi... qué haces? —murmuró, tratando de descifrar por qué demonios ella estaba allí con su negligé negro y sus ojazos dulces.

Pero ella no dijo ni una sola palabra, solo se metió bajo las sábanas y se acurrucó junto a él, haciendo que aquel hombre se tensara de inmediato.

“No, no, no, esto no puede estar pasando”. Su cuerpo reaccionó instintivamente, pero su mente trataba desesperadamente de poner freno a la situación.

—Gigi, no podemos... —susurró, intentando sonar firme, aunque su voz traicionaba el nerviosismo que lo invadía.

—No me digas que está mal —le pidió ella, con una voz suave—. Casi todo lo hago mal pero… solo quiero estar contigo esta noche.

Niko sintió su corazón acelerarse. Estaba atrapado entre el deseo y la razón. La calidez del cuerpo de Gigi contra el suyo lo hacía sentir cosas que no había experimentado en mucho tiempo, y por más que intentara resistir, algo en él se desmoronaba. Se desarmó mientras la besaba suavemente, y todo su autocontrol se tambaleó. Respondió a sus caricias, dejándose llevar por el momento. Sus labios encontraron los de aquella chiquilla, y el mundo desapareció.

Las manos de Gigi se movían con una torpeza ligera que lo enloquecía, y en un instante estaban más cerca de lo que nunca habían estado. Sus besos se volvieron más profundos, y cuando sintió la suavidad de su piel, Niko supo que ya no había marcha atrás. La urgencia entre ellos creció hasta que solo quedó piel bajo sus dedos, gemidos bajo sus besos, y un sinfín de gritos que hacían temblar aquella maldit@ habitación hasta sus mismos cimientos.

—¿Estás segura…? ¡Por Dios dime que estás segura o si no…!

Y la respuesta no le llegó, solo aquella presión terrible en su abdomen mientras se corría escandalosamente y abría los ojos, un poco espantado.

—¡Mierd@, mierd@, mierd@! —jadeó desesperado al notar la oscuridad de su habitación; y se incorporó en la cama, cubierto de sudor frío.

Solo había sido un sueño. Uno demasiado real, demasiado vívido, lo suficiente como para hacer un desastre bajo sus sábanas.

Se dejó caer sobre la almohada, llevándose las manos al rostro, tratando de calmar su respiración.

Gigi. Había soñado con ella de una manera que jamás se habría permitido si estuviera despierto. –

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