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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 841

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 18: La Confianza

Niko cerró la puerta de la habitación del hotel con un suave clic y se encontró a Gigi sentada en el borde del sofá, jugueteando nerviosamente con sus manos. Su rostro reflejaba una mezcla de ansiedad y agotamiento, seguramente pensando en cómo había ido la reunión con Van Beek, o en todo lo que había pasado o no pasado entre ellos en los últimos días.

En cuanto lo vio llegar por supuesto que se levantó de un salto y se le acercó.

—¿Y? —preguntó ella con voz temblorosa, antes de que él pudiera decir algo—. ¿Firmaste el contrato?

Niko soltó un suspiro largo, dejando que la tensión abandonara su cuerpo.

—No, no lo firmé.

Gigi lo miró con los ojos llenos de sorpresa y una pizca de miedo.

—¿Por qué? —preguntó en voz baja—. ¿Fue por mi culpa? Sé que no debería haber dicho nada, y tal vez... tal vez arruiné algo...

—No, no arruinaste nada, créeme —le dijo Niko—. Solo creo que tenías razón sobre Van Beek, quizás no sea tan bueno después de todo hacer negocios con él.

—Pero… señor Keller es que yo… bueno… no quiero que pierda un buen negocio por algo que yo...

Pero antes de que pudiera terminar la frase, Niko se acercó y se inclinó frente a ella, tomándola por los hombros con suavidad y haciendo que lo mirara.

—Escucha, Gigi. Lo que dijiste me abrió los ojos. Van Beek no era de fiar, y tu instinto fue perfecto. No solo no arruinaste nada, me salvaste de cometer un error enorme —dijo Niko con firmeza, mirándola directo a los ojos.

La muchacha parpadeó un poco sorprendida, como si no pudiera procesar del todo lo que estaba escuchando.

—¿De verdad cree eso?

—Por supuesto. —Y Niko tuvo que pasar saliva porque aquellos ojazos estaban a punto de ponerlo de rodillas, así que hizo lo único que era capaz de hacer: ponerse tonto—. No importa si lo que tuviste fue una corazonada estomacal o un peo desorientado. ¡Lo hiciste muy bien y confío en tu instinto, mucho más de lo que crees! ¡Así que tú deberías confiar en tu instinto también!

Ella bajó la mirada, poniéndose colorada y todavía un poco insegura, pero indudablemente una sonrisa tímida se dibujó en sus labios. Era un alivio saber que no había causado un desastre. Y más aún, el saber que Niko confiaba en ella la hizo sentir... bien.

—Gracias —susurró.

Niko carraspeó y le dio una palmadita suave en el hombro.

—De nada, ahora mejor nos vamos, tenemos un vuelo que tomar. Creo que ambos necesitamos un descanso de todo esto —suspiró y no pudo ver el puchero que Gigi hacía porque definitivamente extrañaría aquella cama.

Pero ya era hora de volver a la realidad, así que pocas horas después estaban de vuelta en Suiza.

El familiar y cálido ambiente de la sede de la empresa los envolvió tan pronto cruzaron las puertas, y Niko no tuvo más remedio que quedarse mudo cuando nada más entrar, un grupo de ejecutivos absolutamente sonrientes se acercó rápidamente a Gigi, saludándola con efusividad.

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