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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 843

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 20: Vigilancia

Logan se quedó mirando a su hermano como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—¿Cómo que no la vas a despedir? —preguntó, cruzándose de brazos—. Niko, ¿acaso no viste lo mismo que yo? La chica ha estado mintiéndote, y encima ni siquiera es tu secretaria formal. No tiene sentido. ¿Cómo puedes permitirlo?

Niko suspiró, apretando los puños sobre el escritorio. Sabía que Logan tenía cierta razón, pero era imposible que alguien pudiera despedir a Gigi por… nada.

—Voy a encargarme de esto, Logan. Pero lo haré cuando lo crea necesario, y no va a ser ahora. —respondió con firmeza, mirándolo directamente a los ojos.

Su hermano bufó, incrédulo.

—¡¿Cuando lo creas necesario?! Niko, esta chica puede estar aquí por cualquier cosa, lo sabes bien. Tiene acceso directo a tu oficina, a tu computadora, ¡a todo! Y se aprovecha de eso. ¿No te parece que esto ya es cruzar una línea?

—Logan, te escuché la primera vez y te entiendo. Pero por eso mismo voy a encargarme yo —replicó Niko, intentando calmarse. Sabía que su hermano podía ser impulsivo, pero esto no se trataba solo de reglas o de lo que era "correcto" a nivel corporativo—. La decisión es mía, que para eso soy el dueño de esta empresa. ¿Entendido?

—Lo que entiendo es que todavía no me das una buena razón para no hacerlo —insistió Logan achicando los ojos con curiosidad—. Porque, a menos que me digas que tienes algo con ella... ¡cosa que dudo mucho porque en ese caso ya la habrías despedido tú mismo!

Niko lo miró con una mezcla de irritación y cansancio. Había muchas cosas que no podía explicar, ni siquiera a su hermano.

—No estoy acostándome con ella, ahora deja de incordiar que tengo que trabajar. ¡Vamos, tú a lo tuyo! —rezongó y Logan alzó las manos en señal de rendición, aunque no estaba del todo convencido.

—Está bien, está bien —murmuró—. Me rindo, pero solo de momento.

Con un suspiro de resignación, se dio la vuelta y salió del despacho, dejando a Niko solo con sus pensamientos. Y esos pensamientos generaban toda clase de hipótesis, ninguna que pudiera comprobar porque no se atrevía a hacerle aquella pregunta directamente.

Así que esa misma tarde, cuando la jornada laboral estaba llegando a su fin, se acercó casualmente a su escritorio. Ella estaba guardando algunos papeles en un cajón, y Niko notó cómo intentaba ocultar el cansancio en sus ojos.

—Gigi, ¿quieres que te lleve a casa hoy? —preguntó con naturalidad—. Vi que todavía tienes la maleta del viaje debajo de tu escritorio, me imagino que debe ser incómodo moverla en el autobús.

Gigi levantó la vista, sorprendida, pero inmediatamente negó con la cabeza.

—Oh, no, no es necesario, señor Keller… Estoy bien. Más tarde me iré —murmuró, claramente nerviosa por la oferta.

—Insisto, en diez minutos te acercaré a cualquier lugar de la ciudad. Vamos.

—Este… ¡mejor no, señor Keller…! Es que veré a una amiga después del trabajo, ¿sabe? Entonces… le agradezco, pero prefiero irme sola.

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