PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 22: Fuera de peligro
Niko salió del edificio casi corriendo, con el corazón acelerado y la mente llena de suposiciones que no quería enfrentar, pero que no podía ignorar. No sabía por qué, pero presentía que aquel tipo estaría esperándola, lo sentía en cada fibra de su ser. Su instinto, siempre afinado, no le había fallado antes, y ahora ese mismo instinto lo empujaba a proteger a Gigi.
La encontró frente a la pequeña tienda de conveniencia, a punto de salir con una bolsa de golosinas en la mano, pero su expresión se volvió rígida al ver la silueta inconfundible de Renard, apoyado contra una farola. Gigi se detuvo en seco y el miedo volvió a llenar sus ojos.
Renard se acercó con una sonrisa torcida, sus ojos brillando con una intensidad que hizo que Niko apretara los puños.
—Pequeña, creo que no has entendido lo que he estado tratando de decirte en estos días. Tienes que volver a casa, ya —gruñó Renard aunque evidentemente se estaba esforzando por parecer amable; y aquel apelativo hizo que a Niko se le revolviera el estómago.
—¿Gigi? ¿Ya tienes todo? —dijo mirando las bolsas que ella llevaba e ignorando al hombre por completo.
—Disculpe, ¿nadie le enseñó a no meterse en conversaciones ajenas? —gruñó Renard—. Esta mañana entendí que era su jefe, pero ya está fuera del horario de trabajo, ¿no es así? —sentenció apuntando a su reloj.
—Pues fíjese que mi padre me enseñó a meterme en cualquier conversación donde haya una mujer incómoda y sucede que Gigi es un libro abierto, así que es muy fácil notar que está incómoda con usted —replicó Niko sin inmutarse.
El hombre no se molestó en ocultar su desprecio cuando oyó aquellas palabras y dio un paso hacia él.
—Será mejor para usted que no se meta en esto —dijo Renard con una voz grave y amenazante, clavando sus ojos en él—. Gigi tiene que regresar a casa, y nuestros asuntos familiares no son asunto suyo.
Niko frunció el ceño porque eso sí que no se lo había esperado, pero aun así su postura no cambió.
—¿Usted es su padre? —preguntó sin titubeos, aunque había algo oscuro en el modo en que Renard la miraba, algo que hacía que cada alarma en su cuerpo se disparara.
—¡Pero claro que soy su padre! ¿Por qué más estaría aquí? —siseó Renard, pero aquella mano pequeña cerrándose sobre la espalda de su saco le dijo a Niko que aquello era una mentira.
—Tú no eres su padre —aseguró mirando al hombre con expresión desafiante.
—¡Bueno, soy su padrastro, pero eso no cambia nada! ¡Gigi tiene que volver a casa, porque ese es su lugar y punto!
Niko apretó los puños porque las piezas empezaban a encajar en su mente, por más retorcidas que fueran. La razón por la que Gigi había estado durmiendo en la oficina, el miedo en sus ojos, la maleta.
—La cuestión es ¿por qué Gigi se fue de la casa? ¿Tuvo que escaparse? —interrogó a Renard con tono hosco.
—¡No, claro que no! ¡Su madre y ella tuvieron un malentendido! ¡Nada más! —escupió el tipo y Niko se giró para ver a Gigi.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
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