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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 846

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 23: Un lugar al que llamar hogar

Niko la miró con una firmeza implacable, como si las palabras que acababa de pronunciar no admitieran réplica. Gigi, sin embargo, seguía sentada en el borde del escritorio, parpadeando en un intento de procesar lo que acababa de escuchar.

—¿A dónde...? —empezó a decir ella, pero Niko la interrumpió con suavidad, alzando una mano para calmarla.

—A partir de ahora tendrás un lugar donde quedarte y punto —afirmó mientras tomaba su gabardina de la percha—. Así que mejor vamos por tu maleta.

Gigi lo miró, sorprendida. Sabía que Niko no era el tipo de hombre que decía cosas por decirlas, pero la rapidez con la que tomaba decisiones siempre la descolocaba. Había algo en su manera de actuar, tan segura y resuelta, que hacía que cualquier discusión fuera inútil. Niko siempre parecía tener un plan, incluso cuando ella apenas lograba comprender lo que estaba sucediendo.

—Pero… las golosinas. —Gigi se levantó del escritorio, recordando de repente las bolsas que había comprado para los chicos de la banca americana—. Les prometí que les llevaría esto esta noche.

Niko sonrió con suavidad, inclinando la cabeza como si la ternura de Gigi lo desconcertara. Y en verdad lo hacía, porque a pesar de cualquier mala situación, siempre se preocupaba por cumplir su palabra con los demás.

—Eres increíble, ¿sabes? —dijo, y antes de que ella pudiera protestar, agregó—. Escucha, todos tus instintos son buenos. ¡Eso no se puede discutir! Así que te dije que iba a pensar en lo que había pasado y lo hice. Y ahora gracias a ti, esos chicos ahora tienen su propia cafetería nocturna y alguien que los cuida. Vamos a verlos, y luego nos vamos.

Antes de que Gigi pudiera asimilar del todo lo que estaba ocurriendo, Niko la tomó del brazo con suavidad y la guio hacia la cafetería improvisada que él mismo había hecho preparar a Recursos Humanos para los empleados que trabajaban en la tarde, particularmente los chicos de la banca americana.

—Esta es provisional, pero en unas semanas les remodelaremos esto y será permanente —le advirtió Niko.

Y quizás solo fuera un pequeño gesto, pero para Gigi aquello significaba mucho, porque Niko otra vez había vuelto a confiar en ella.

Al entrar, la sonrisa de Gigi se ensanchó al ver a los chicos disfrutando de un café caliente y riéndose entre ellos. En cuanto la vieron, varios se levantaron y comenzaron a aplaudir.

—¡Ahí está nuestra heroína! —gritó uno de ellos, levantando su taza en un gesto de agradecimiento.

—¡Gracias, Gigi! Esto es justo lo que necesitábamos —añadió otro, sonriendo de oreja a oreja.

Gigi se sonrojó de inmediato, y Niko observó con una satisfacción silenciosa cómo sus ojos brillaban de orgullo. No era habitual ver a Gigi recibir ese tipo de reconocimiento, pero ahora, rodeada de esos jóvenes agradecidos, parecía que por fin entendía un poquito lo valiosa que era.

—¡Eso, y al pobre jefe nadie le dice ni pio! —bromeó para quitarle la atención de encima porque en cierto punto ya la estaban cohibiendo.

—No sabe lo mucho que Gigi ha mejorado nuestras noches de trabajo, jefe —dijo uno de los chicos—. Es algo así como el hada de las golosinas.

—Bueno, pues ya tienen cafetería propia —rio Niko—. Espero que les sirva para darle envidia a los del turno de día, y recomiéndeles hablar con Gigi para cualquier asunto de magia que necesiten en el futuro.

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