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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 847

PEQUEÑA AMADA MÍA: CAPÍTULO 24: Un paso hacia adelante

Gigi se quedó en silencio ante la pregunta de Niko. ¿Algo que realmente le gustara? No podía recordar la última vez que había pensado en algo así. Siempre había estado preocupada por sobrevivir, por cumplir con lo que los demás esperaban de ella, pero… ¿sus propios deseos? Era algo nuevo, casi desconcertante.

—No sé… —murmuró, evitando su mirada—. Nunca he sido buena en nada en particular.

Niko frunció el ceño molesto, no con ella, sino con lo que esas palabras revelaban. Sabía que esa baja autoestima no venía de la nada, y probablemente había estado siendo alimentada durante años. Era frustrante, pero también entendía que la única manera de ayudarla a superarlo era con paciencia.

—Eso no es cierto. —Su voz fue firme mientras se inclinaba un poco hacia ella—. Gigi, lo que hiciste con los chicos de la banca americana hoy… Eso fue increíble. Les diste algo que necesitaban, los hiciste sentir valorados. No cualquiera puede hacer eso.

—¡Pero si usted fue el que puso la cafetería! —exclamó ella. Estaba acostumbrada a sentirse torpe, a pensar que sus pequeños gestos no significaban nada.

—¡Pero a mí jamás se me habría ocurrido si tú no los hubieras estado ayudando! —replicó Niko, y de repente notó su titubeo, como si hubiera algo más detrás de todo eso—. Gigi, ¿qué es lo que no me estás diciendo? —la increpó con tanta suavidad como le era posible, y cerró los ojos porque verla morderse el labio inferior no ayudaba mucho a su autocontrol.

—Pues que no lo hice solo por ayudarlos, yo… —Gigi pasó saliva, pero por desgracia la humillación era algo a lo que estaba acostumbrada—. Ellos me dejaban dinero de propina y yo lo necesitaba para comprar comida.

Niko sintió como si le estuvieran dando una patada en pleno estómago, pero se acercó más, sujetando su rostro entre sus manos para que lo mirara directamente. Sus ojos grises brillaban con intensidad, y había una urgencia en su voz que no podía ignorar.

—Escúchame bien, Gigi. —Su tono era bajo, casi un susurro, pero lleno de convicción—. Eres hermosa, y sí, puede que estés un poco desbalanceada a veces… —sonrió con suavidad, haciendo una pausa para que ella también lo hiciera—. Pero eso no significa que no seas buena en algo. Estoy seguro de que eres buena en muchas cosas, pero nunca te has dado la oportunidad de descubrirlas. Así que podríamos empezar ahora mismo, hay toda clase de cursos, programas técnicos, la universidad… ¿nunca has querido ir a la universidad?

Gigi sintió un nudo en la garganta. Nadie le había hablado así antes, con esa mezcla de ternura y honestidad que la hacía sentir vista, realmente vista. Pero seguía habiendo una parte de ella que no podía dejar de dudar.

—Es solo que... no tiene sentido gastar dinero en alguien tan torpe como yo —respondió con un susurro.

Niko apretó los dientes, frustrado. Sabía que esos pensamientos no eran suyos, sino el eco de la voz de su madre, que evidentemente había vivido haciéndola sentir menos.

—Eso no es cierto —repitió, esta vez con un poco más de firmeza—. No eres torpe, y no mereces que gasten dinero en ti, ¡mereces que inviertan en ti! Dinero, tiempo, atención, cariño, y todo lo que haga falta porque todo te lo mereces, ¿de acuerdo? —Niko suspiró como si estuviera a punto de meterse aun ring de boxeo, porque aquello definitivamente tenía cara de pelea de resistencia—. Además, ya es hora de que me tutees —dijo de repente, soltándola.

Gigi lo miró, confundida por el cambio de tema.

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