PEQUEÑA AMADA MÍA: CAPÍTULO 25: Dulce ironía
Gigi abrió los ojos como platos al ver el paquete encima de su cama. Lo observó con cierta curiosidad y un poquito de nerviosismo. Aunque ya se sentía más cómoda con Niko, todavía le desconcertaba su generosidad. Con cuidado, retiró el papel y, cuando vio lo que había dentro, no pudo evitar soltar una carcajada.
—¿¡Un pijama del Correcaminos!? —exclamó entre risas, sosteniéndolo frente a ella.
Era exactamente igual al que había llevado la noche anterior, solo que nuevo y esta vez de su talla. Tenía su pijama viejito desde los doce o trece años y evidentemente ya no le servía, pero era tierno que él hubiera querido regalarle uno igual.
"Este hombre es increíble", pensó. Dejó el pijama nuevo sobre la cama, se dio una ducha rápida y luego, sin pensarlo dos veces, se lo puso. Le quedaba perfecto, cómodo y aunque no lo supiera: ridículamente adorable.
Cuando salió del baño, se dirigió al salón todavía riéndose por lo bajo. Lo que no esperaba era encontrarse con Niko en medio de este, ¡posando! y esperándola... ¡con un pijama del Coyote!
—¡No puede ser! —dijo, llevándose las manos a la boca para contener otra carcajada.
—¿Te gusta la sorpresa? —preguntó él, cruzando los brazos con fingida arrogancia.
—Me encanta —respondió Gigi, aún recuperándose de la risa—. No puedo creer que te hayas puesto un pijama del Coyote.
—¿Por qué no? —dijo él, encogiéndose de hombros—. Yo también puedo ser tierno si quiero.
Pero la verdad era que la comparación entre él y el Coyote le resultaba casi dolorosamente acertada, porque por más que quisiera, él tampoco se podía comer a Gigi.
La vio caer a su lado en el sofá, ambos todavía sonriendo. La sensación de camaradería era algo nuevo para ella, y se daba cuenta de lo fácil que resultaba estar con Niko cuando no estaba en modo "jefe".
—Bueno, roomie, ¿qué te parece si pedimos algo de comer? —dijo él, sacando su teléfono para buscar opciones.
—¿Qué? ¿Otra vez comida para llevar? —Gigi lo miró, arqueando una ceja con sorpresa—. Ya pedimos ayer. ¿No toca cocinar hoy?
Niko se rio, como si la idea de él cocinando fuera la cosa más absurda del mundo.
—¿Cocinar? Yo apenas sé hervir agua sin prender fuego a la casa. ¡Por Dios, no esperes milagros! —respondió, levantando las manos a modo de rendición—. No sabría cocinar ni por mi supervivencia.
—Pero ¿cómo es posible que tengas un refrigerador lleno de comida y no lo aproveches? —Gigi hizo un puchero.
—Eso es solo para que mi madre no grite cuando venga —dijo Niko, divertido—. ¡Pero sí me como la fruta!
Gigi sacudió la cabeza con un gesto condescendiente, pero antes de que pudiera protestar más, ya Niko había pedido algo sencillo, y la conversación continuó entre risas, bromas y una química que, a pesar de todo, parecía fluir con naturalidad.
—¿Sabes qué no entiendo? —murmuró Gigi entre un bocado y otro.
—¿Qué? —la increpó él.
—Si el Coyote tenía dinero para comprar dinamita y catapultas y esas cosas… ¿por qué no lo usaba para comprar comida en vez de estar persiguiendo al Correcaminos?
A Niko casi se le salió el agua de la risa, porque aquella pregunta se oía tan condenadamente inocente saliendo de su boca…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....