PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 27: Momentos peligrosos
—¡No, no, no! ¡Niko, así no! —gritó Gigi, agitando las manos frenéticamente cuando vio a Niko pegarle a la masa con los puños de manera desastrosa.
—¿Así no? —repitió él juntando las cejas con un puchero frustrado. Gigi llevaba media hora dándole instrucciones pero no le salía nada bien. ¡Ahora iba a resultar que el torpe era él!—. ¿¡Pero esto hay que ablandarlo o no hay que ablandarlo?! —se desesperó.
Gigi suspiró con una sonrisa tierna.
—Pues sí, pero no tienes que ablandarla, no que odiarla. No es tu archienemiga.
—¡Habla por ti! —replicó Niko—. ¡Esto es entre ella y yo… y uno de los dos no sale vivo de aquí!
La muchacha no se pudo aguantar la carcajada, y Niko estaba más derretido que el caramelo por escucharla reír.
—A ver, tú hazme caso. La masa no se golpea —aseguró Gigi acercándose a él—, se acaricia, lentamente, con suavidad —dijo en tono de profesora mientras guiaba una mano de Niko contra la masa.
Y esos ojazos grises se abrieron debajo de aquellas cejas juntas porque era evidente que la condenada ni sabía lo que le estaba diciendo… o mejor dicho: ni sabía cómo él lo estaba interpretando…
—¿Qué tan… ¡ejem!... lentamente? —repitió bajando la voz, y sintiendo que sus manos se movían de forma innecesariamente pausada y sensual, como si estuviera masajeando algo mucho más delicado que la masa para pastelitos—. ¡Por Dios, solo es masa! —gimió mirando al techo y en cuanto ella se dio la vuelta para ocuparse de otra cosa, respiró más aliviado.
Su cuerpo era un traidor de mierd@, ¡de los peores! Y lo peor era que no había absolutamente nada en aquella cocina que no pudiera ser usado en doble sentido, y encima su cerebro cochino lo interpretaba en terceros y cuartos sentidos.
—¿Listo para lo que sigue?
—No… ¡digo sí! —carraspeó él nervioso, apretándose contra la encimera.
—Niko ¿seguro que quieres hacer esto? —preguntó ella preocupada—. Yo puedo hacerme cargo sola, de verdad…
—¡No, no! Solo sigue dándome instrucciones, chef —dijo él y se arrepintió al siguiente segundo.
—OK, bueno… si estás tan decidido… pues métele los dedos.
—¡¿Eh?! —Niko se puso colorado en un segundo y no entendía por qué ella no lo estaba.
—A ver, haces una bolita así… y luego le metes el dedo…
—¿Cu… cuá… cuál de…dedo… Gigi? —se ahogó él hasta con su propia saliva.
—El más grueso… ¿ves? Así sale más linda la dona.
“¡La madre que la parió!” suspiró Niko cerrando los ojos y cruzando las piernas mientras se apretaba contra la encimera. ¡Si es que se pasaba de tierna la chiquilla!
Él con aquel calor tan insoportable y ella hablando de…
—¿Niko? ¿De verdad estás bien? —preguntó Gigi y él asintió carraspeando.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....