PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 34. Media vida de ventaja
Niko la besó con una desesperación que parecía contener todos los momentos de tensión entre ellos desde que se habían conocido. Su cuerpo, firme contra el de Gigi, la mantenía atrapada entre él y la fría pared de la sala de juntas, mientras su lengua exploraba su boca con deseo. Ella no resistió ni un segundo; sus brazos, casi por instinto, rodearon el cuello de Niko, y dejó que el momento la consumiera.
Había algo en aquellos gruñidos bajos que escapaban del pecho de Niko, algo en sus manos ferozmente cerradas sobre sus caderas, algo en su urgencia…
Gigi sintió que se mareaba en un solo instante, mientras su respiración se hacía superficial y temblorosa y el aire parecía haber desaparecido de la habitación. Pero justo cuando todo amenazaba con ponerse aún más… “tenso”, Niko se detuvo de golpe. Con la respiración agitada, apoyó la frente contra la suya y ambos comenzaron a reír, una risa ligera, nerviosa, pero sincera.
—No puedo creer lo que acaba de pasar —susurró Gigi, mientras sus labios aún rozaban los de Niko y trataba de recomponerse.
—¿La junta o yo? —preguntó él con una chispa en los ojos.
Gigi rió de nuevo, sin poder contenerse.
—Un poco de los dos —respondió, y sintió la forma suave en que él le alisaba la ropa, como su con eso pudieran recobrar la compostura—. No puedo creer que haya tenido el valor de decir eso.
Y “eso” precisamente era por lo que Niko la miraba con una mezcla de admiración y deseo.
—Estoy muy orgulloso de ti, Gigi —dijo con sinceridad—. Lo que hiciste hoy fue increíble. Y sabes, no me arrepiento en lo más mínimo de haberte contratado para este puesto. De hecho, cada día me convenzo más de que fue la mejor decisión.
Gigi sintió un calor especial subiendo por su pecho… y otro bajando por donde no debía. Pero antes de que pudiera responder, Niko dio un paso hacia atrás, con los ojos fijos en ella, como si estuviera debatiéndose internamente.
—Bueno, será mejor que me vaya antes de que te haga sangrar los oídos con alguna tontería —bromeó rompiendo la tensión.
Y mientras volvía a su oficina, Niko no podía dejar de pensar en que tenía que definir las cosas con ella de una buena vez. No podía besarla hoy esquivarla mañana. El problema era que quería besarla todo el tiempo, y aun así no podía evitar sentir que de alguna forma estaba aprovechándose de ella.
Esa tarde, cuando ambos regresaron a casa, Niko parecía más pensativo de lo normal, y Gigi se encerró en la cocina a hacer sus pastelillos para no forzarlo a decir nada.
Otra en su lugar se habría cansado ya de pedir explicaciones, pero Gigi sentía que era mejor darle su espacio. Y no se equivocaba, porque una hora después fue él el que entró en la cocina por su propio pie y se apoyó en la encimera, con los brazos cruzados y la mirada fija en el vacío.
—Me gustas —confesó de repente, como si esas palabras hubieran estado atoradas durante días, y Gigi se quedó paralizada, sabiendo que aquel no era el final de la declaración.
—¿Pero?
—Pero eres una niña. Te llevo media vida de ventaja.
Gigi sintió un pequeño nudo en el estómago al escuchar esas palabras. El miedo de no ser suficiente para él, de no encajar en su mundo, apareció de repente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....