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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 860

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 36. Tienes que mirar

Niko se quedó mirándola un segundo, sorprendido por la respuesta directa de Gigi. Había esperado cualquier cosa, excepto eso. En su mente, había planeado manejar la situación con suavidad, no presionarla, asegurarse de que todo fluyera con calma. Pero Gigi lo acababa de desarmar completamente.

—¿Eh…? —dijo él, inclinando la cabeza como si no hubiera escuchado bien, y ella, con las mejillas encendidas, alzó los ojos para mirarlo.

No era fácil para ella hablar de esas cosas, pero ya no podía negar lo que sentía.

—Dije… —repitió, respirando profundamente—, ¿cuándo he dicho yo que no quiero?

Niko soltó una carcajada suave, inclinándose hacia ella, dejando que sus labios rozaran los suyos con delicadeza.

—Tienes razón… no lo has dicho —murmuró, disfrutando de la calidez de su cercanía. Sus dedos acariciaron su mejilla, bajando lentamente por su cuello hasta perderse en la curva de su cintura—. Pero tampoco quiero apresurarte, Gigi. No hay ninguna prisa.

Los ojos de Gigi brillaban con una mezcla de deseo y nerviosismo. Podía sentir la electricidad que recorría su cuerpo con cada toque de Niko. Era una combinación extraña, entre la ansiedad de lo desconocido y la certeza de que lo deseaba, profundamente.

—No me estás apresurando —dijo con un susurro apenas audible—. Yo quiero…

Los labios de Niko volvieron a buscar los suyos y esta vez el beso no fue ni lento ni tierno. Devoró su boca como si hubiera estado en abstinencia los últimos diez años, y Gigi sintió cómo sus manos comenzaban a trazar caminos más atrevidos sobre su piel, y con cada caricia, su cuerpo respondía con un deseo más intenso.

—¿Estás segura de que sabes en lo que te estás metiendo? —bromeó Niko entre besos, separándose solo lo suficiente para hablar.

Gigi frunció el ceño con otro puchero.

—Oye, no me desmoralices, tú eres el que dice que no soy tan torpe como creo…

Él soltó una risa suave, divertida por aquella respuesta. La forma en que Gigi lo desafiaba era demasiado dulce. Había algo en esa mezcla de inocencia y valentía que lo volvía loco; pero aún así tenía que ser ella la que tomara la iniciativa.

—No me refería a eso, chiquilla —dijo Niko, bajando el tono de voz mientras sus manos se deslizaban hacia la parte baja de su espalda, rozando sus nalgas con un gesto posesivo y atrayéndola más hacia él—. Me refería a que hay tantas cosas que quiero enseñarte… cosas que todavía no sabes… —su voz era un susurro cargado de deseo—, y no sé si empezar o esperar a que me las pidas.

El corazón de Gigi latía con fuerza mientras sentía cómo su cuerpo se humedecía solo con esas palabras. Cada caricia, cada beso de Niko la hacía temblar y estremecerse, como si de repente fuera más consciente de su propia piel.

—¿Y cómo demonios quieres que te… pida algo… que no conozco…? —murmuró ella conteniendo el aliento mientras la mano de Niko abría despacio su blusa y rozaba la piel sobre el brasier—. Literalmente soy un maldito libro en blanco…

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