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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 861

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 37. Besos y… algo más

Niko soltó una carcajada que resonó con un eco suave en las paredes del baño. Gigi, aún con los ojos clavados en su cuerpo, no podía apartar la vista. El agua caliente caía sobre él, dibujando el contorno de sus músculos mientras su mano seguía acariciando lentamente su miembro. A pesar de la broma, la intensidad del momento no se rompía.

—No te preocupes por eso… —murmuró Niko con una sonrisa traviesa—. Te aseguro que soy de tu talla… y que luego no vas a querer ninguna otra —le advirtió con descaro mientras la veía morderse en labio inferior con una mezcla de deseo y nerviosismo.

Y era todo eso y más. Gigi sentía su piel arder, y no tenía nada que ver con la temperatura del agua. Cada parte de su cuerpo temblaba un poco, cosquilleaba, cada fibra la empujaba hacia él. Apenas podía pensar, su respiración era errática y sus piernas se sentían ligeras.

Niko parecía un condenado dios en exhibición, tan seguro de sí mismo y tan provocativo… que ni siquiera la inocencia de Gigi podía resistirse.

Dio un paso hacia adelante, y otro, y otro, y sus labios buscaron la piel húmeda de su pecho. El sabor salado de su piel bajo el agua, mezclado con el calor de su cuerpo, la excitaba aún más. Rozó apenas sus hombros, sus brazos… mientras sus manos bajaban hasta su vientre, acariciándolo hasta donde se atrevía.

Niko jadeó de gusto al sentir los dientes de Gigi sobre su piel, y un segundo después volvía a devorar aquella boca con todo el sentido de dominio de un hombre que quiere poseer a una mujer. La levantó en brazos sin esfuerzo, pegando su cuerpo al suyo y haciéndola enredar las piernas alrededor de su cintura mientras la llevaba de nuevo contra la pared. El contraste entre el frío del azulejo y el calor de sus cuerpos era embriagador. Gigi se aferró a su cuello, sintiendo cómo el deseo le recorría cada centímetro.

Los dedos de Niko hacían una fiesta sobre ella, y Gigi juraba que no sabía que todo eso se podía sentir. Ni siquiera protestó cuando él la llevó en brazos fuera de la ducha, dejando que el agua escurriera de sus cuerpos mientras la besaba.

El silencio solo se rompía por sus respiraciones agitadas, y en cierto punto aquello se volvió una espiral de gemidos inconclusos mientras se enredaban sobre las sábanas sin importar cuánto se mojaran.

Gigi exhaló un jadeo cuando sintió la cama bajo su espalda, y miró a Niko con los labios entreabiertos, temblando por la mezcla de nervios y excitación. Lo vio inclinarse hacia ella mientras sus ojos recorrían cada curva de su cuerpo, y con una lentitud exasperante comenzaba a besarla de nuevo. Sus labios bajaron desde su cuello hasta sus pechos, mordisqueando ligeramente la piel mientras sus manos acariciaban sus caderas y sus muslos.

—Eres tan linda, condenada —susurró Niko y su aliento cálido le provocó escalofríos, haciendo que aquellos pezones pequeños despertaran—. Podría pasarme toda la vida besándote.

Y ese era un eufemismo para no decir “devorándote”. Su boca llegó al borde de sus senos, mordiendo, chupando, jugando al tiempo que una de sus manos recorría su vientre. Gigi gimió suavemente al sentir los dedos de Niko acariciándola, su respiración se volvió más pesada, y su cuerpo se arqueó hacia él sin que pudiera evitarlo.

—Ah…—la escuchó susurrar y sabía exactamente dónde se estaba acumulando aquel calor.

Su cuerpo respondía a cada roce, a cada toque con una intensidad que la asustaba y la excitaba al mismo tiempo.

Lo dedos de Niko la acariciaban con una maestría lenta y precisa, buscando prolongar el momento, disfrutando de cada reacción mientras los hundía en su sexo despacio. La vio morderse el labio, tensarse y relajarse con cada pequeño movimiento de exploración, y supo que estaba cerca. Era casi adorable sentirla palpitar alrededor de sus dedos mientras hacía un puchero y sus gemidos se volvían más urgentes.

Allí, la quería, justo al borde, mientras besaba su vientre, seguía bajando y su lengua terminaba el trabajo.

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