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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 863

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 39: Un novio tóxico

Gigi se despertó sintiendo el calor del cuerpo de Niko junto a ella. Los rayos del sol que se colaban por las cortinas iluminaban suavemente la habitación, y su primer pensamiento fue para esa “emoción involuntaria” que sentía contra su trasero. La vergüenza la inundó de inmediato; y apretó los ojos con fuerza, como si eso pudiera hacerla desaparecer del lugar, pero ahí estaba, en la cama de Niko, completamente desnuda, con sus brazos enredados alrededor de su cintura.

Él, todavía medio dormido, sintió aquel movimiento suave y la abrazó más fuerte, pegándola a su pecho.

—Buenos días, pequeña —murmuró con la voz ronca por el sueño, pero con ese toque travieso que siempre la hacía estremecer.

Gigi se mordió el labio, demasiado avergonzada para siquiera mirarlo a los ojos.

—¿Estás bien? —preguntó él sin abrir los ojos—. ¿Qué haces despierta? Debe ser muy temprano…

—Este… no tenía sueño —murmuró al fin, enterrando el rostro en la almohada, sintiendo que su cara se ponía roja como un tomate.

Niko soltó una risita suave y rodó hasta quedar encima de ella, girándola para que lo viera a los ojos.

—Eso significa que estoy haciendo muy mal mi trabajo, señorita —exclamó con ese descaro que sabía que la haría derretirse—. ¡Dios, no me digas que ahora te vas a poner tímida… después de todo lo que me hiciste anoche!

Gigi sintió que el calor subía aún más por su cuerpo, quemándole las mejillas.

—¡Niko! —se quejó, dándole un suave empujón en el pecho—. No hables de eso…

Pero eso solo era como darle más cuerda.

—¿Estás loca? ¡No quiero parar de hablar de eso! ¡Y quiero repetirlo! —Hizo una pausa y la miró directamente a los ojos—. Gigi, anoche pasó lo más especial que he vivido en mi vida.

Gigi hizo un puchero, dudando.

—¿De verdad?

Niko asintió con una sonrisa sincera, pasando sus dedos por el cabello enredado de Gigi.

—Sí, chiquilla —dijo con un tono serio pero juguetón a la vez—. Así que más vale que te prepares porque vas a tener un novio muy posesivo y controlador... tóxico, imposible, celoso…

Gigi cerró los ojos con una risita nerviosa y luego alcanzó su boca con un beso.

—¿Tóxico y controlador? —repitió—. No sabía que eras de otra manera…

Niko se inclinó sobre ella, acariciando cada centímetro de piel bajo sus dedos.

—Eso, tú provócame… —dijo en voz baja, mientras su boca volvía al ataque.

Sin embargo si se quedaban en la cama ninguno se levantaría jamás, y Niko sabía que por la inocencia de Gigi y por su desesperación de la noche anterior había que pagar un precio, así que hizo de tripas corazón y se lanzó de la cama.

—Sí, vamos a hacer algo de comer antes de que decidas huir de mí —bromeó, y ella no pudo evitar reírse mientras lo seguía hacia la cocina.

Juntos prepararon el desayuno. Gigi intentaba distraerse, enfocándose en cortar fruta y batir huevos, pero Niko no dejaba de coquetear, acercándose para robarle besos o susurrarle bromas al oído, haciéndola sonrojarse cada dos segundos.

Cuando por fin y después de muchas interrupciones sexis terminaron de desayunar, Niko se levantó y le tendió la mano.

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