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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 864

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 40: Días de descubrimientos.

Los días que siguieron fueron como una burbuja para Gigi y Niko, alejados del mundo y encerrados en el departamento. Pasaban la mayor parte del tiempo en la cama, en el sofá o en la cocina, disfrutando de aquella nueva etapa tan extraña en la que Niko se pasaba la mayor parte del tiempo riendo.

Y era imposible no hacerlo, porque para su sorpresa, descubrió que Gigi era más curiosa de lo que había pensado. A veces, mientras salía del baño, podía sentir la mirada de Gigi fija en él, con una pequeña sonrisa juguetona en los labios. Otras veces, de la nada, ella se subía sobre su regazo y lo besaba sin previo aviso, como si simplemente no pudiera esperar ni un segundo más.

—Y yo que creía que iba a tener que estar convenciéndote —le dijo Niko una mañana, cuando Gigi se lanzó sobre él justo después de desayunar y sus labios buscaron los suyos con urgencia.

—No puedo evitarlo —respondió ella con una risita mientras echaba a un lado los platos sucios del desayuno y se subía a la mesa—. Lo siento, es que me gustas mucho.

Niko se mordió el labio inferior antes de estrecharla y hacerla gritar sobre aquella misma mesa. Gigia era como un soplo de aire fresco en su vida, y por fin no tenía miedo de mostrar lo que quería o lo que sentía, así que eso lo tenía en las nubes.

—Yo también te gusto mucho, ¿eh? —preguntó ella jugueteando con un mechón de su cabello, mirándolo con ese brillo en los ojos que lo hacía sentirse especial mientras intentaba recuperar el aliento contra su pecho.

—Demasiado —susurró él con absoluta sinceridad.

El fin de semana prometía ser una combinación perfecta de risas, besos y descubrimientos. El problema era que Gigi casi casi que se sentía ya como Cristóbal Colón; y una madrugada Niko dormía profundamente… o al menos lo intentaba, cuando aquella sensación especial lo despertó de repente. Sintió un cosquilleo suave en su pecho, un roce que se hizo más evidente cuando despertó desorientado; abrió los ojos lentamente, y lo primero que vio fue a Gigi, inclinada sobre él mientras sus labios jugueteaban lentamente sobre su piel desnuda.

—¿Qué haces? —preguntó Niko con la voz ronca por el sueño, pero con una sonrisa curvando sus labios.

Gigi levantó la mirada, encontrándose sus ojos adormilados y brillantes.

—No podía dormir —respondió con un tono inocente, pero desmentían esa inocencia—. Y… pensé que podría despertarte de una manera especial.

Niko se cubrió la cara con las manos porque eso era lo más cercano que tenía a un baile de la victoria en aquel momento. Que ella tomara la iniciativa de esa manera le ponía el deseo por las nubes, así que la dejó continuar, sin decir nada más, permitiéndole explorar a su propio ritmo.

Gigi bajó lentamente, sus labios recorrían el abdomen de Niko, sus besos eran suaves y sus mordidas eran una invitación. Aunque por supuesto, por lo que sentía debajo de aquel pantalón de pijama, definitivamente él estaba más que invitado. Escuchó su respiración acelerarse mientras la miraba, pero con intención o no, Niko no era de los que podía solo ver, y ella no tenía problemas con permitir que enseñaran.

—¿De verdad quieres esto? —susurró mientras una de sus manos iba a acariciar lentamente su cabello—. ¿Quieres aprender?

Niko la vio asentir mientras le bajaba el elástico del pantalón ¡dándose cuenta en ese mismo momento de que él llevaba el magisterio en el alma!

Y hasta esa sintió Niko que Gigi se tragaba mientras hundía su miembro en su boca y se perdía hasta el fondo de su garganta.

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