PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 55. Desesperación
El aire frío de la noche golpeaba el rostro de Gigi mientras caminaba con pasos rápidos y desesperados. Había huido del parque y de las palabras venenosas de su madre, pero su mente seguía atrapada en ese torbellino. Chantal no era solo una mentirosa manipuladora, era peligrosa. Y lo peor de todo, sabía que era capaz de destruir a Niko.
La sola idea de que la prensa pudiera enterarse de todo lo que había pasado la llenaba de un terror profundo. Niko no merecía eso. Ninguna de sus acciones, por impulsivas o sórdidas que fueran, merecían convertirse en un escándalo público.
"Lo van a hundir", pensaba mientras sus pasos la llevaban hacia el centro de la ciudad. Cada vez que veía las luces de los escaparates o escuchaba el sonido de autos pasando, sentía una punzada de dolor en el pecho. Pero finalmente hizo lo único que podía: encontrar un hotel y pagar una habitación en efectivo para pasar la noche.
Y la palabra correcta era “pasarla”, porque estaba segura de que no lograría dormir ni un poco. Se sentía completamente destrozada. ¿Cómo podía haber acabado todo tan mal? Hacía unas horas, su vida tenía sentido. Ahora, todo se había convertido en una pesadilla.
Y lo peor era que su teléfono estaba lleno de cientos de llamadas y mensajes de Niko; y apenas la noche cayó, también de sus padres, así que terminó apagándolo y dejándolo a un lado mientras se acurrucaba en aquella cama extraña y lloraba.
—No puedo quedarme —susurró para sí misma, con los labios temblorosos—. No puedo quedarme… no ahora.
Quizás más adelante se calmaría, quizás más adelante sería más valiente, pero de momento lo único en lo que podía pensar era en desaparecer. No sabía dónde, no sabía por cuánto tiempo, lo único claro en su mente era que no podía seguir en Zúrich.
Le costó un esfuerzo sobrehumano esperar a que amaneciera, a que el sol estuviera alto… porque sabía que a esa hora Niko no estaría en el departamento, sino en cualquier otro lugar, buscándola. Su corazón se rompió cuando atravesó de nuevo aquellas puertas y recogió a la carrera una pequeña bolsa solo con lo esencial.
—No puedo quedarme… —se repitió porque lo más importante era proteger a Niko, pero si lo que decía su madre llegaba a ser cierto… ¡no quería ni pensarlo!
Salió de allí como si la persiguieran fantasmas, y apenas fue la hora correcta entró en aquel banco.
—Por favor… necesito hablar con el gerente —dijo ella entregándole su tarjeta y cinco minutos después la pasaban a una oficina totalmente privada.
No le tomó mucho tiempo poner en orden lo que necesitaba y marcharse, dirigiéndose a la estación de autobuses con el corazón latiendo desbocado.
Y a esa misma hora Niko parecía un león enjaulado en la sala de la casa de sus padres. Había intentado buscarla, había llamado a todos los aeropuertos y estaciones de tren, a los hospitales… pero nadie sabía nada de Gigi. Era como si se la hubiera tragado la tierra.
—Tiene que estar en alguna parte… —murmuraba, casi para sí mismo, mientras Milo y Anja lo observaban con preocupación desde el sofá.
De repente, su teléfono vibró en sus manos, y en cuanto abrió el mensaje el aire se le escapó de los pulmones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....