PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 57. Corazones heridos
Le dolía el corazón, el cuerpo, hasta los pensamientos; pero no podía hacer nada más que dar un paso detrás del otro y ser fuerte.
Gigi se bajó del último autobús en un pequeño pueblo cerca del lago Lemán, sus pies pesaban y sus pensamientos eran un caos, pero la vista del lago la calmó por un momento. El sol empezaba a esconderse detrás de las montañas, reflejándose en el agua tranquila, como si el mundo fuera un lugar más pacífico y ordenado del que ella había dejado atrás. Después de dos días de cambiar de autobuses, moviéndose sin rumbo fijo, finalmente había llegado a algún lugar donde no la conocían, un lugar donde podía desaparecer.
El lago Lemán era gigantesco, y alrededor había desde grandes ciudades hasta pequeñas aldeas olvidadas de Dios. Caminó por las calles empedradas de una de esas hasta que encontró una pequeña posada, su fachada era sencilla pero acogedora, y Gigi empujó la puerta de madera, haciendo sonar una campanita que avisaba su llegada. Tras el mostrador, una mujer mayor con el cabello recogido en un moño la saludó con una sonrisa cálida.
—Buenas noches, querida. ¿Buscas una habitación?
Gigi asintió, sintiendo el cansancio arrastrarse por su cuerpo.
—Sí, por favor. Necesito un lugar donde quedarme.
La mujer la miró con curiosidad, pero no hizo preguntas. Parecía acostumbrada a los viajeros que llegaban sin muchas explicaciones.
—Tengo justo lo que necesitas —dijo mientras le entregaba una llave—. Habitación número tres, sube por las escaleras y la encontrarás a la derecha. Desayuno a las siete, si te interesa.
—Gracias —murmuró Gigi, tomando la llave con una sonrisa débil.
La habitación era modesta pero limpia, con una cama de madera antigua y una ventana que daba al lago. Gigi dejó caer su bolso al suelo y se sentó en la cama, sintiendo que el peso del mundo seguía sobre sus hombros.
Encendió el teléfono que acababa de comprar en su penúltima parada, y comenzó a buscar en las noticias. Temía ver su rostro o el de Niko en algún titular escandaloso, pero, para su alivio, no encontró nada. Ni un solo artículo mencionaba el nombre de ninguno de los dos. Suspiró con alivio, al menos esa noche, pero en los días que siguieron siguió pendiente de cualquier artículo que pudiera salir.
Finalmente una semana después, Ingrid, la posadera, le puso en las manos las fotos de una pequeña cabaña no muy lejos de allí.
—Si piensas quedarte más tiempo, mi cuñada está rentando su casa de soltera. Te saldría más barato que quedarte en la posada —le dijo Ingrid y Gigi no lo pensó demasiado.
Aquel sitio era lo suficientemente tranquilo y apartado como para que nadie la molestara allí; así que pocas horas después se instalaba en una casita pequeña pero acogedora, con paredes de gruesos troncos y una pequeña cocina donde podía distraerse. Porque por desgracia la paz en el pueblo no alcanzaba para acallar la tormenta en su interior. El miedo y la confusión seguían presentes, como un eco constante en su mente.
No le creía a su madre, no podía creer que Niko fuera su padre, pero si había una mínima posibilidad de que hubiera algo de verdad en todo lo que Chantal le había dicho… eso la aterraba. Querer volver con Niko la aterraba.
Así que pocos días más tarde, mientras compraba algunas cosas en el pequeño mercado local, fue como su aquel saco de harina la llamara. Lo compró sin dudarlo y esa misma tarde comenzó a preparar pasteles y dulces en su pequeña cocina. El aroma a chocolate y vainilla llenó la casa, y por primera vez después de todo lo que había pasado, Gigi sintió algo de paz.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....